Necesitamos dividir el tiempo en "periodos" para así poder controlarlo de alguna manera ya que es lineal, y si nosotros no le ponemos "cercas" no podremos actuar sobre él. Por eso dividimos el tiempo en horas, minutos, segundos, días, meses, años, temporadas...
Sin embargo, la realidad es que el tiempo no se puede gestionar, es un mito. Y esta idea sale de tres afirmaciones:
- No puedes administrar aquello sobre lo que no tienes control, que no se puede detener.
- El tiempo sigue corriendo contigo o contra ti.
- Lo que sí podemos controlar son las tareas y actividades, o la manera como enfrentamos las mismas.
Esto nos lleva a pensar que si el tiempo no se puede manipular, la falta de tiempo que solemos sentir es un concepto impuesto. No es que nos falte tiempo, que es el que es, invariable, sino que nos sobran tareas o actividades. Queremos hacer lo que no se puede; queremos que en un mismo "trozo" de tiempo, ser capaces de realizar cada vez más cosas, y eso es imposible en muchos casos. Nos cargamos de deberes y trabajos sin ser conscientes que es imposible realizarlo todo dentro de ese periodo de tiempo que nos fijamos. Y así le echamos la culpa a la falta de tiempo en lugar de a la saturación de actividad.
Hay personas que van corriendo y apuradas siempre, de una sitio para otro para no tener la sensación de pérdida de tiempo, como queriendo apurar cada minuto, segundo, haciendo cosas y tener la sensación que no lo desaprovechan. Sin embargo, otras, prefieren aprovechar esos minutos, segundos, observando cualquier cosa que tengan a su alrededor, recreándose en ello, sin prisas. Para éstas últimas ese recrearse en ello es aprovechar el tiempo, y las prisas de un sitio para otro, rellenándo el tiempo con movimiento, es desaprovecharlo.
Por tanto, el concepto de tiempo y su percepción es algo subjetivo y aprendido.
Y mientras, el tiempo, ajeno a nosotros y a nuestros pensamientos, sigue sin parar.




