Heredera del humanismo, las ideas liberales, laicas y vanguardistas.

CÓDIGO DEONTOLÓGICO

Artículo 6


La profesión de Psicólogo/a se rige por principios comunes a toda deontología profesional: respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad para con los clientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Gestión del tiempo

En estos días en que se está terminando el año en curso nos solemos preguntar y hacer memoria de lo que pasó a lo largo de los últimos 12 meses. Es una de tantas catarsis que hacemos las personas para situarnos en la vida.

Necesitamos dividir el tiempo en "periodos" para así poder controlarlo de alguna manera ya que es lineal, y si nosotros no le ponemos "cercas" no podremos actuar sobre él. Por eso dividimos el tiempo en horas, minutos, segundos, días, meses, años, temporadas...

Sin embargo, la realidad es que el tiempo no se puede gestionar, es un mito. Y esta idea sale de tres afirmaciones:

- No puedes administrar aquello sobre lo que no    tienes control, que no  se puede detener.

- El tiempo sigue corriendo contigo o contra ti.

- Lo que sí podemos controlar son las tareas y actividades, o la manera como enfrentamos las mismas.

Esto nos lleva a pensar que si el tiempo no se puede manipular, la falta de tiempo que solemos sentir es un concepto impuesto. No es que nos falte tiempo, que es el que es, invariable, sino que nos sobran tareas o actividades. Queremos hacer lo que no se puede; queremos que en un mismo "trozo" de tiempo, ser capaces de realizar cada vez más cosas, y eso es imposible en muchos casos. Nos cargamos de deberes y trabajos sin ser conscientes que es imposible realizarlo todo dentro de ese periodo de tiempo que nos fijamos. Y así le echamos la culpa a la falta de tiempo en lugar de a la saturación de actividad.

Hay personas que van corriendo y apuradas siempre, de una sitio para otro para no tener la sensación de pérdida de tiempo, como queriendo apurar cada minuto, segundo, haciendo cosas y tener la sensación que no lo desaprovechan. Sin embargo, otras, prefieren aprovechar esos minutos, segundos, observando cualquier cosa que tengan a su alrededor, recreándose en ello, sin prisas. Para éstas últimas ese recrearse en ello es aprovechar el tiempo, y las prisas de un sitio para otro, rellenándo el tiempo con movimiento, es desaprovecharlo.

Por tanto, el concepto de tiempo y su percepción es algo subjetivo y aprendido.

Y mientras, el tiempo, ajeno a nosotros y a nuestros pensamientos, sigue sin parar.


lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Grupo = equipo?

Contestando a la pregunta del título: No. Y en el mundo laboral, tampoco.

Un grupo no es lo mismo que un equipo, aunque cualquier grupo puede convertirse en equipo siempre que todos los miembros trabajen en la consecución de un objetivo común, es decir, siempre que los integrantes del grupo aúnen sus esfuerzos y habilidades hacia la consecución de unos objetivos compartidos, y no actúen como individuos aislados. Como escriben Davis y Newstrom (1991) "cuando los miembros conocen sus objetivos, cuando contribuyen de manera responsabe y entusiasta a la realización de la tarea y se apoyan mutuamente, decimos que están trabajando en equipo".

Las principales características que debe tener un grupo para poder ser considerado un equipo son las siguientes (García y Delgado Padial, 1995): poseer unos objetivos comunes, componerse de un número reducido de miembros (alrededor de seis), tener una organización interna, con unas normas, un liderazgo y una metas comunes, debe haber plena participación de sus miembros, lo que constituye quizás su principal característica: que todos trabajen juntos, tomen las decisiones de forma conjunta, resuelvan sus inevitables conflictos internos de una forma consensuada, etc.; debe existir también una confianza, solidaridad y ayuda mutua, y siempre dentro de un ambiente propicio, que no es otro que un ambiente de tolerancia y confianza mutua, sin lo que el equipo no sólo no seria eficaz, sino que incluso no sería un grupo.

En el mundo laboral, dentro de las llamadas técnicas de diseño y reestructuración del trabajo, se encuentran los llamados Círculos de calidad, que consisten en un grupo de personas que, después de una formación y entrenamiento adecuados, se reúnen periódicamente, de forma voluntaria, para tratar problemas de calidad o de otro tipo, relacionados con su trabajo, con la finalidad de encontrar soluciones a los mismos.
Esta idea está basada en el llamado Plan Scanlon, que en los años 30 del siglo pasado puso en marcha en Estados Unidos un líder sindical de la industria del acero, J. Scanlon, quien llegó a un acuerdo con las empresas del sector para establecer un sistema participativo de mejora de la productividad.

Calidad laboral

¿Cuantas veces hemos oído que el mayor valor que tiene una empresa son sus empleados?

Está claro que el objetivo de una empresa es mejorar la productividad y los resultados, pero se debería pretender crear puestos de trabajo con auténtica calidad laboral y que consiga que dicha vida laboral sea realmente satisfactoria para los trabajadores. Para ello el puesto de trabajo tiene que permitir al trabajador hacerse una identidad personal y profesional que le proporcione estatus y prestigio social, que le sea una fuente importante para desarrollar sus habilidades y competencias, que esté suficientemente bien retribuido, etc..

Hemos pasado de ver a la persona como un recurso más para las empresas, a ver en la persona un bien, un ser único y un fin, y se convierten en un valor clave para alcanzar el éxito en las organizaciones, y para ello se le debe devolver al trabajador su dignidad de ser humano en todos los ámbitos pero especialmente en el desempeño de su trabajo profesional.

"Podemos comprar el tiempo de las personas; podemos comprar su presencia física en un determinado lugar, podemos incluso comprar sus movimientos musculares por hora. Sin embargo, no podemos comprar el entusiasmo, no podemos comprar la lealtad, no podemos comprar la devoción de sus corazones. Esto debemos ganárnoslo."Clarence Francis.

Puesto que la confianza no se compra, se gana, el liderazgo de los valores y todas las habilidades que lo conforman son ahora clave para marcar el rumbo de las organizaciones.


Apostar por la formación en habilidades es un intangible que sirve para generar confianza y compromiso, y obtener así los resultados de los objetivos marcados.

La formación en una empresa puede abarcar cualquier punto que se nos ocurra:

Estilos de mando. Gestión de conflictos. Gestión de crisis. Técnicas de negociación. Comunicación asertiva.

Gestión efectiva del tiempo. Conocimiento de personas. Trabajo en equipo - equipo de trabajo.

Coaching ejecutivo. Habilidades y competencias directivas. La autoridad, comunicación y motivación.

La organización: fines, medios y estrategias. Cultura organizacional. Adaptación al cambio. Nuevos entornos. La previsión y el control.

La toma de decisiones: quién, cómo ,qué. Delegación. Decisiones intuitivas. Inteligencia emocional. Presentaciones eficaces y de alto impacto. Eficacia-eficiencia-efectividad-éxito-excelencia.

Existe una cosa clara y sin embargo parece que todavía cuesta entender:

Dedicarle tiempo y recursos a la formación no es gasto, sino inversión.

viernes, 9 de agosto de 2013

¿Te atreves a soñar?

El siguiente vídeo se movió por "la gran red" como solo las cosas que apelan a nuestras cualidades saben hacerlo. En varios caminos distintos me topé con el. Y me parece que está bien para divulgar una serie de conceptos, más bien ideas, que desde la psicología trabajamos y es interesante dar a conocer.

Como considero que puede venirnos bien el escuchar con atención lo que nos expone en algún momento puntual, pues aquí lo dejo....



http://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

lunes, 17 de junio de 2013

Autoayuda

"No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación" (Aldous Huxley)

A lo largo de la última década se ha multiplicado exponencialmente el número de personas interesadas en conocerse mejor y potenciar su inteligencia emocional. Como consecuencia directa ha emergido con fuerza un nuevo sector profesional: el de la autoayuda. Debido al malestar generalizado, no solo se ha puesto de moda, sino que se ha consolidado como un negocio muy lucrativo. En las librerías comerciales esta sección ya ocupa una parte significativa. De hecho, están aflorando "expertos" en el tema por todas partes.

"Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma, aunque rara vez los seguía". (Lewis Carroll)


Autoayuda quiere decir ayudarse a uno mismo. Si bien los demás pueden escucharnos, apoyarnos y compartir con nosotros lo que han aprendido de sí mismos, nadie más puede resolver nuestros problemas y conflictos existenciales. Cada uno de nosotros está llamado a recorrer su propio camino.


Los demás pueden acompañarnos en nuestro proceso. En vez de dar consejos y recetas sobre la manera en la que otros deberían vivir sus vidas, es mucho más útil y eficiente hacer preguntas y compartir reflexiones que nos permitan crecer en comprensión.


Es un recordar lo que ya sabemos y pasar a la acción.

Son muy frecuentes las siguientes conversaciones:

-"¿Qué te dijo el psicólogo?"
-"Lo que me explicó ya lo sabía"

-"¿Por qué no lees...?"
-"Libros de autoayuda ya he leído muchos, pero no me sirven"

"Jamás se ha emborrachado nadie a base de comprender intelectualmente la palabra vino". (Anthony de Mello)

Son muchos los que leen libros de crecimiento personal o acuden a un especialista en busca de algún tipo de fórmula mágica o secreto de la felicidad. Y quedan defraudados porque se necesita esfuerzo y práctica. Lo que les falta es practicarlo y ese paso fundamental no lo dan.

Un ejemplo ... la espalda debe mantenerse recta; si estamos sentados, debemos apoyarla bien en el respaldo. Todos los sabemos, ¿pero lo hacemos? Quizá nos proponemos hacerlo, pero es difícil porque no nos damos cuenta y la curvamos. Con nuestros pensamientos y nuestras conductas pasa exactamente lo mismo. Sabemos que no tenemos que ser pesimistas, que tenemos que contar hasta diez en algunas situaciones, que... pero nos cuesta. Parece que nuestra actitud, nuestros pensamientos, también se tuercen como la espalda. Es difícil rectificar las actitudes porque no nos damos cuenta y van a su aire. Debemos, pues, aprender a observarnos, estar atentos a nuestras sensaciones, emociones y pensamientos. Y cuando se curven, aplicar la teoría que ya sabemos.

Otro ejemplo ... tenemos claro que si queremos adelgazar, tenemos que hacer el esfuerzo de seguir un régimen; que si queremos estar más en forma, es necesario practicar ejercicio físico; pues si queremos crecer a nivel personal, no basta solo con leer o reflexionar, también debemos esforzarnos y practicar.

Para responder a la pregunta de  "¿cómo lo hago? o ¿cómo hago para aplicar la teoría que ya me sé?", para eso, estamos los psicólogos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Incertidumbre

Existe un proceso mental que parece tener la llave de muchas cosas: la necesidad de tener certidumbre.

El ser humano demanda explicaciones que nos den seguridad, nos afanamos por encontrarlas y somos capaces de asirnos a un clavo ardiendo por sentirnos a salvo. La incertidumbre nos molesta y a bastantes les produce ansiedad. Por lo tanto hay que dar "consuelos" que apacigüen ese estado desagradable , inquietante y que nos puede desasosegar, y para ello se dan explicaciones de todo tipo, así una de las más recurrentes del siglo XX fueron los extraterrestres, mientras en el siglo XVIII, era el diablo.

La explicación puede ser absurda pero nos aferramos a ella porque nos tranquiliza. Ahí está el quid: en situaciones con un alto contenido emocional no buscamos respuestas correctas, sino aquellas que nos reconfortan. Y no soportamos pensar que las cosas sucedan porque sí; somos incrédulos hacia la casualidad.

A esto debemos añadir lo incompetentes que somos a la hora de evaluar situaciones de riesgo. Sabemos distinguir entre lo que no comporta ningún riesgo y lo que sí lo tiene, pero somos incapaces de diferenciar entre un acto que tenga un 1/10.000 de riesgo de otro con un 1/100. Y aún más grave: mientras dejamos de realizar ciertos actos porque comportan riesgo, asumimos otros donde el porcentaje de riesgo es mayor. Por ejemplo, tememos ir en avión por el miedo a un accidente, pero nada nos impide ir en coche, cuando la probabilidad de morir es mucho mayor.

Nuestro cerebro nos hace creer que un acontecimiento es muy probable basándose no en fiables cálculos probabilísticos, sino en un motivo más mundano ... es más probable lo que con mayor facilidad se imagina y más impresiona emotivamente.

Por tanto, ¿quién domina? ¿la razón o la emoción?

viernes, 7 de junio de 2013

¿Qué cambio?

Tenemos miedo a la libertad. Lo único que sabemos al elegir con ella es lo que perdemos, pero no tenemos ni idea de lo que ganamos o del vacío posible, la nada, que llegue.
No olvidemos empezar siempre por la pregunta, ¿será que las cosas tienen que cambiar o que yo debería cambiar mi forma de ver las cosas?

Muchas personas realizan una interpretación interesada de la realidad que les lleva a la ceguera continua.
Dejemos de pensar que las cosas se arreglarán por si mismas, incluso, no miremos a otro lado; es un ejercicio de doble moral el quejarse de los demás pero no hacer ni el más mínimo esfuerzo para cambiar la situación. Seamos responsables de nuestros actos, y dejemos de culpar a los demás de todo lo malo que hacemos. Recordemos que errar es de humanos para así liberarnos de toda ira, miedo y tristeza que nos bloquea y aprendamos a perdonar, incluso a nosotros mismos.

Prediquemos con el ejemplo. Para hablar de los valores o de la Responsabilidad Social, primero hay que practicarla. Para merecer vivir en un mundo mejor, los primeros que tenemos que dar ejemplo somos nosotros.

Querer no es poder, pero es un requisito básico para pasar a la acción.
Tener deseos puede ayudar a cambiar la vida, pero cambiar la vida es la mejor forma de alcanzar los deseos. Pero cuidado, sin perder de vista que los asuntos importantes y el estilo de vida no cambian de un día para otro, aunque algunas pequeñas cosas puedan cambiar.

Para ayudarnos en el cambio, la eficacia de consejos bien intencionados es más que limitada. Deben explorarse otros caminos de intervención mediante la facilitación del cambio y la modificación de conducta de las personas que produzca efectos importantes y consistentes en el tiempo. Si cambiar fuera tan fácil, psicólogos, orientadores y consultores no tendríamos mucho trabajo.

A veces no conseguimos que nada cambie, y lo que necesitamos es cambiar de contexto; quizás no estamos en el sitio adecuado. O tal vez lo que necesitemos sea aprender a pedir ayuda, para no sentirnos tan solos.

Es fácil de entender, pero si repasamos cada día si lo estamos llevando a la práctica…, no es fácil.

viernes, 15 de marzo de 2013

La crítica adecuada

Cuando hablamos de críticas nos viene a la mente una relación, generalmente, del mundo de pareja o del mundo laboral. Parece que son los dos grandes campos dispuestos para dar y recibir opiniones negativas. Sí, he dicho negativas porque las críticas siempre las pensamos en "negativo".

Por lo tanto, de lo que se trata es de expresar las quejas sin dañar la relación.

Las críticas adecuadas no se ocupan tanto de atribuir los errores a un rasgo de carácter como de centrarse en lo que la persona ha hecho y puede hacer. Con los ataques al carácter lo único que se consigue es poner inmediatamente a la otra persona a la defensiva, con lo cual deja de estar receptivo a las recomendaciones sobre la forma de mejorar la situación.
Por ejemplo, no es lo mismo decirle a alguien "no te soporto, siempre dando voces, hablando a gritos" que decirle "si hablas con un volumen más bajo te oiré y entenderé mejor".

Y, en términos de motivación, cuando las personas consideran que sus fracasos se deben a alguna carencia innata, pierden toda esperanza de transformar las cosas y dejan de intentar cambiarlas. Por otro lado, si los contratiempos y los fracasos se deben a las circunstancias siempre podremos hacer algo para cambiar éstas.

 Algunos datos a tener en cuenta son:

Ser concreto. Saber que uno está haciendo "algo" mal sin saber de qué se trata concretamente resulta sumamente descorazonador. Nos limitaremos a lo concreto señalando también lo que la persona hace bien, lo que no hace tan bien y cómo podría cambiarlo. Sin rodeos y evitando las ambigüedades y las evasivas porque eso podría enmascarar el mensaje real.

Por ejemplo, en la pareja a la hora de expresar sus quejas, diga exactamente cuál es el problema, lo que no le gusta, cómo le hace sentir y qué es lo que podría cambiarse.

Ofrecer soluciones. La crítica, como todo feedback útil, debería apuntar a una forma de resolver el problema. De otro modo, el receptor puede quedar frustrando, desmoralizado o desmotivado. La crítica puede abrir la puerta a posibilidades y alternativas que la persona ignoraba o simplemente sensibilizarla a ciertas deficiencias que requieren atención pero, en cualquier caso, debe incluir sugerencias sobre la forma más adecuada de afrontar estos problema.

De forma presencial. Las críticas, al igual que las alabanzas, son más eficaces cara a cara y en privado. A veces, se tiende a hacerlo a distancia pero, de ese modo, la comunicación resulta demasiado impersonal y escamotea al receptor la oportunidad de responder o de solicitar alguna aclaración.

Cuidar las formas. Ésta es una llamada a la empatía, a tratar de sintonizar con el impacto que tienen sus palabras y su forma de expresión sobre el receptor. Las criticas demasiado hirientes y humillantes resultan destructivas porque en lugar de abrir un camino para mejorar las cosas, despierta la respuesta emocional del resentimiento, la amargura, las actitudes defensivas y el distanciamiento.

Por tanto, las críticas claras, concisas, de forma directa, de buenas maneras, y si es posible, ofreciendo una posible solución ... tan fácil y tan difícil ¿no?. Cuestión de práctica.

Y que no se nos olvide las críticas hacia nosotros, que muchas veces somos los más implacables con nosotros mismos. Apliquemos también el cuidar las formas con uno mismo, y fuera las descalificaciones. No nos machaquemos con el "no sirvo para nada", "qué torpe soy", "todo lo hago mal", "no puedo", "siempre la lío", "quién me mandaría decir..." etc.

Empecemos a practicar.


Educación emocional

Hay aspectos de las relaciones humanas que ni se adquieren espontáneamente ni son innatos, requieren trabajarlos, ser objeto de “educarse”. Que esto no sea así tiene consecuencias posteriores, cuando la persona se enfrenta a la sociedad real en todos sus campos, incluido el laboral. Porque reconozcamos que son muchas las personas a las que les cuesta no sólo relacionarse con los demás, sino también exteriorizar sus propios sentimientos.

Partamos de que una educación integral (y, si no lo es, podremos hablar de enseñanza o enseñanzas, no de educación) debe poner en relación el desarrollo cognitivo y el emocional, la mente y el sentimiento: ambos son esenciales para el desarrollo de la personalidad. Por ello, deben desarrollarse conocimientos y habilidades sobre las emociones que capaciten al individuo para afrontar mejor los problemas que se le plantean en el día a día. Porque este tipo de educación debe perseguir aumentar el bienestar personal y social y es un proceso educativo continuo y permanente, no solo a lo largo del periodo de escolarización, sino a lo largo de toda la vida. Debemos conseguir personas emocionalmente inteligentes. ¿O no estamos padeciendo verdaderos problemas de integración/adaptación, de comunicación interpersonal, de habilidades sociales?

Y no se trata de otra cosa que de conocer nuestras propias emociones y controlarlas; identificar las de los demás, asimilarlas y respetarlas: lo que nos posibilita nuestra relación con los otros. Se trata de que eduquemos para la vida (tiene que ver mucho con los valores) y ello implica fomentar actitudes positivas ante las situaciones cotidianas, desarrollar habilidades sociales (empatía) y estrategias para generar emociones positivas: la automotivación, la resistencia a la frustración, el desarrollo del sentido del humor, la disminución de la ansiedad, del estrés, de los desórdenes fisiológicos (anorexia, bulimia, exceso de peso…)


La educación emocional abarca pues competencias básicas, tanto en el ámbito intrapesronal (YO) como en el interpersonal (LOS OTROS). En el primero: el esfuerzo mediante el rendimiento, la autodisciplina, el cumplimiento de obligaciones, la iniciativa, la adaptabilidad… En el segundo: la sociabilidad, la imaginación, la creatividad, la conciencia organizacional, la comunicación, la resolución de conflictos, el trabajo en equipo, el liderazgo, la colaboración.

No se trata de una asignatura más,se trata de la ASIGNATURA (¿pendiente?) que da sentido completo al hecho educativo. Transmitimos conocimientos (enseñamos), pero esa transmisión se realiza en un contexto (escolar, familiar, social) con un fin (preparar para la vida); y para conseguir ese objetivo debemos posibilitar todas aquellas estrategias que ayuden al alumno (o hijo, o ciudadano) a desarrollar sus emociones, sus sentimientos, sus posibilidades en un escenario que fomente el desarrollo de esas habilidades en relación con los demás. Porque aquí es donde el concepto educación adquiere su valor integral.

Fuente: Miguel Angel Heredia Garcia