Heredera del humanismo, las ideas liberales, laicas y vanguardistas.

CÓDIGO DEONTOLÓGICO

Artículo 6


La profesión de Psicólogo/a se rige por principios comunes a toda deontología profesional: respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad para con los clientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.

martes, 28 de agosto de 2012

Emociones e inteligencia

Peter Salovey, notable psicólogo de Harvard, ha establecido con todo lujo de detalles el modo de aportar más inteligencia a nuestras emociones. Al igual que otros psicólogos, ha adoptado una visión más amplia de la inteligencia y se ha reformulado ésta dándole un enfoque más adecuado a la vida de cada uno.

La definición de Salovey organiza las "inteligencias personales" de Gardner abarcando cinco competencias principales:

1. El conocimiento de las propias emociones. El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional. La incapacidad de percibir nuestros verdaderos sentimientos nos deja completamente a su merced. Las personas que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales.

2. La capacidad de controlar las emociones. La conciencia de uno mismo es una habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento. Es importante la capacidad de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, de la tristeza, de la irritabilidad exageradas y de las consecuencias que acarrea su ausencia. Las personas que carecen de esta habilidad tienen que batallar constantemente con las tensiones desagradables mientras que, por el contrario, quienes destacan en el ejercicio de esta capacidad se recuperan mucho más rápidamente de los reveses y contratiempos de la vida.

3. La capacidad de motivarse uno mismo. El control de la vida emocional y su subordinación a un objetivo resulta esencial para espolear y mantener la atención, la motivación y la creatividad. El autocontrol emocional -la capacidad de demorar la gratificación y sofocar la impulsividad- constituye un imponderable que subyace a todo logro. Las personas que tienen esta habilidad suelen ser más productivas y eficaces en todas las empresas que acometen.

4. El reconocimiento de las emociones ajenas. La empatía, otra capacidad que se asienta en la conciencia emocional de uno mismo, constituye la "habilidad popular" fundamental. Las personas empáticas suelen sintonizar con las señales sociales sutiles que indican qué necesitan o qué quieren los demás y esta capacidad las hace más aptas para el desempeño de vocaciones tales como las profesiones sanitarias, la docencia, las ventas y la dirección de empresas.

5. El control de las relaciones. El arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas. Éstas son las habilidades que subyacen a la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal.

No todas las personas manifiestan el mismo grado de pericia en cada uno de estos dominios. Hay quienes son sumamente diestros en gobernar su propia ansiedad, por ejemplo, pero en cambio, son relativamente ineptos cuando se trata de apaciguar los trastornos emocionales ajenos. A fin de cuentas, el sustrato de nuestra pericia al respecto es neurológico, pero el cerebro es asombrosamente plástico y se halla sometido a un continuo proceso de aprendizaje. Las lagunas en la habilidad emocional pueden remediarse y, en términos generales, cada uno de estos dominios representa un conjunto de hábitos y de reacciones que, con el esfuerzo adecuado, pueden llegar a mejorarse.

lunes, 27 de agosto de 2012

Cuestionarnos

La gran mayoría de nosotros nos limitamos a sobrevivir. Trabajamos. Consumimos. Y tratamos de divertirnos todo lo que podemos. Pero en general no sabemos para qué vivimos.

Y no es para menos. Desde que nacemos, la sociedad nos condiciona para convertirnos en empleados y consumidores, de manera que perpetuemos el funcionamiento económico del sistema. Tanto es así, que hemos sido adoctrinados para buscar nuestro bienestar fuera de nosotros mismos. Prueba de ello es que confundimos la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción o la euforia temporal que nos proporcionan el consumo de bienes materiales, los triunfos profesionales o el entretenimiento. Y debido a nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, a menudo construimos un estilo de vida de segunda mano, prefabricado.

Frente a este escenario socioeconómico, la crisis existencial es casi inevitable. En esencia, consiste en reconocer que nuestra forma de pensar y de comprender la vida es limitada y errónea. Y en consecuencia, iniciar un proceso de cambio y evolución personal, buscando una nueva manera de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestras circunstancias. Así es como aprendemos a seguir los dictados de nuestra conciencia y de nuestra intuición, desarrollando nuevas competencias emocionales que nos permitan obtener resultados de mayor satisfacción.

"La mayoría de personas que ansían la libertad no quieren renunciar a sus cadenas" (Khalil Gibran)
Esta frase se relaciona con el victimismo y paternalismo que practicamos.

El triunfo de la autoayuda tiene mucho que ver con la pérdida progresiva de credibilidad que están padeciendo las instituciones religiosas. De hecho, algunos sociólogos afirman que la autoayuda está en camino de convertirse en la gran religión del siglo XXI. Lo cierto es que ambas comparten una serie de paralelismos, entre los que destaca el paternalismo. Esta similitud pone de manifiesto el victimismo imperante en nuestra sociedad. En general, queremos que alguien o algo resuelvan nuestros problemas y conflictos. Por eso solemos aferrarnos a personas o instituciones que nos ofrezcan consuelo y nos garanticen seguridad.

De entre las personas que buscan asesoramiento para mejorar cualquier ámbito de su vida -ya sea a través de libros, cursos o consultas privadas-, muchos buscan un parche con el que aliviar su malestar a corto plazo. Fruto de la desesperación, anhelan dar con una fórmula mágica que erradique definitivamente su sufrimiento. Muy pocos estamos dispuestos a cuestionarnos a nosotros mismos, asumiendo que somos cocreadores y corresponsables no solo de nuestro estado de ánimo, sino también de nuestras circunstancias actuales. Tanto es así, que en la jerga del crecimiento personal empieza a hablarse acerca de los "cursillistas". Es decir, individuos que empalman un curso tras otro, del mismo modo que devoran decenas de libros de autoayuda sin apenas dedicar tiempo para digerir, procesar y -lo más importante- poner en práctica dicha información.

Hay tantos caminos para encontrar lo que estamos buscando como seres humanos existen en el planeta. Pero, dado que todos compartimos una misma naturaleza humana, existen ciertas claves que pueden facilitarnos dicha senda. Eso sí, en relación con este proceso de aprendizaje es imprescindible que no nos creamos nada de los que nos digan, incluyendo, por supuesto, la información contenida en este artículo. Ya nos han vendido demasiadas creencias acerca de quiénes somos y de cómo hemos de vivir nuestra vida. De ahí que sea fundamental que recibamos con escepticismo y pensamiento crítico cualquier reflexión de este tipo. De lo que se trata es de verificar la información a través de nuestra propia experiencia.

Fuente: Borja Vilaseca en El País, España.

sábado, 25 de agosto de 2012

A la vuelta de las vacaciones


Estamos en la recta final del verano y sus correspondientes vacaciones. Para los afortunados que las hayan tenido y ¿disfrutado? acecha la vuelta a la rutina.
Hay un tema recurrente por estas fechas y es el aumento de separaciones matrimoniales  o de pareja que se producen a la vuelta de ese periodo tan deseado durante el resto del año.

Motivos para ello hay muchos, casi tantos como parejas, pero existen unos patrones básicos que planean por encima y que en momentos de descanso, de estar más tiempo con la pareja, salen a flote.
Me centraré en uno: la soledad. 

Aunque parezca paradójico, al estar más tiempo juntos es cuando una persona se percata  de lo solo que se siente. Según Dolesh y Lehman, la soledad se produce cuando hay una carencia de intimidad en la vida. Ellos dicen que la gente se siente sola cuando no tiene con quien compartir los acontecimientos de sus vidas, ya sean importantes o no.
La soledad puede existir en un matrimonio, aun cuando desde fuera no sea evidente, debido a la falta de comunicación, de metas compartidas o a los distintos intereses. La pareja puede compartir una casa, pero le falta intimidad. Greenson describió que dos personas pueden parecer perfectamente felices, sin embargo, estar viviendo un matrimonio sin un compromiso sentimental, en el que todo es un fraude, todo es superficial, todo es un engaño. Toda esta fachada sólo es una pantalla para las personas que confunden lo que es pasar el tiempo juntos con estar emparentados, con afinidad. Incapaces de conseguir el sustento sentimental que necesitan en sus matrimonios, muchas personas se decantan por la calidez y el apoyo que proporciona una tercera persona.

La siguiente tabla os ayudará a evaluar las satisfacciones que encontráis en el matrimonio. Rellenadla la pareja por separado y luego comparad los resultados.
Calificad las siguientes áreas en términos del nivel de satisfacción que tengáis:

Área de relación
Muy alta
Alta
Normal
Baja
Muy baja






1. Siento afecto por mi pareja.
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2. Me siento insatisfecho en la relación.
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3. Apoyo las metas de mi pareja.
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4. Mi pareja apoya mis metas.
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5. Me siento amado por mi pareja.
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6. Mi pareja se siente amada por mí.
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7. Mi pareja me escucha.
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8. Yo escucho a mi pareja.
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9. Disfruto de estar con mi pareja.
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10. Mi pareja disfruta estando conmigo.
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11. Mi pareja y yo compartimos los mismos intereses.
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12. El tiempo que pasamos juntos es muy agradable.
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13. Estoy satisfecho sexualmente.
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14. Mi pareja está satisfecha sexualmente.
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15. Confía en mí.
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16. Confío en ella.
o
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o
o
o
17. Apoyo a mi pareja.
o
o
o
o
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18. Ésta me apoya a mí.
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19. Mi autoestima está alta.
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20. La autoestima de mi pareja está alta.
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21. Me siento comprometido con nuestra relación.
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o
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o
22. Mi pareja se siente comprometida con nuestra relación.
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o

¿Qué cambios positivos te gustaría ver en tu relación?


Hablad primero de las áreas con calificaciones muy altas, altas y normales; empezad por lo bueno, eso siempre ayuda a mejorar la relación. Luego, hablad de las áreas en las que ambos estáis de acuerdo que son bajas. Revisad las áreas que uno de los dos ha calificado de bajas y el otro de alta. Hablad de los posibles cambios. Decidid un área en particular que podáis trabajar juntos para incrementar vuestra satisfacción mutua.
De este modo podréis saber dónde os sentís satisfechos, dónde no lo estáis y dónde no estáis de acuerdo; entonces buscad formas de resolver las diferencias o tomad una decisión.
Espero que os pueda servir como un primer paso ... ese paso tan difícil de dar muchas veces.

Fuente: Amantes secretos. Luann Linquist.

Los elementos del amor


El amor es, sobre todo, dar. Con ayuda de Erich Fromm, diré que todos los amores tienen los siguientes elementos comunes:

- Interés: la persona amada debe significar algo especial para el que ama, se debe destacar del cuadro, ser "interesante" de un modo nuevo y único.

- Responsabilidad: sentirse responsable de la persona querida y ayudarla a sacar de sí lo mejor de sí misma, que llegue al máximo que pueda.

- Respeto: no es sumisión, sino saber ver los valores del otro. Es lo contrario del desprecio, del abuso o explotación, de la utilización y manipulación.

- Conocimiento: querer saber cómo es la otra persona, qué piensa, cuáles son sus valores, cuáles son sus objetivos. Lleva al diálogo frecuente, a contarse cosas, a la comunicación.


O como dijo Neruda:

A nadie te pareces desde que yo te amo...
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Yo quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

Y...acoso laboral III

En los casos de mobbing el objetivo no es discriminar, sino dañar a la persona, y para dañarla, en muchos casos, la discrimina. Por tanto, el enfoque no será en el trato discriminatorio, sino en el derecho a la integridad física y moral y en todo caso en el derecho al honor.

Las situaciones de acoso moral suponen, ante todo, un atentado contra los derechos del trabajador como persona. Sin embargo, como el objetivo del acoso es dañar personalmente al trabajador, su carácter "complejo" hace que no siempre se hable de un solo acto, sino de un conjunto de ellos. Por esa razón, según el magistrado J. Maragall, el procediminento más adecuado para tratarlo sea el de tutela de derechos fundamentales (el fundamento legal radica en artículo 180 LPL).

Es la dignidad como valor superior de nuestro ordenamiento constitucional. Se entiende por dignidad la "manifestación consciente de la autodeterminación de la propia vida y como una pretensión de que ésta sea respetada por terceros".

Para terminar, y dentro de lo difícil y complejo que es el tratar y demostrar este tema, dejo un cuadro con las ideas básicas para diferenciar lo que es un acoso moral de lo que es una mala práctica empresarial (con el trabajador), en la que se persigue el lucro como finalidad.


ACOSO MORAL
EJERCICIO ARBITRARIO DEL PODER DIRECTIVO (EMPRESARIAL)
BUSCA
Causar un daño al trabajador socavando su personalidad
Aprovechamiento de la mano de obra con condiciones de trabajo favorables a sus intereses
MOTIVOS
Impedir el libre desarrollo de la personalidad del acosado
Lucro
LEGAL
Art. 15.1 C.E. (Atentado al derecho de la integridad moral)
Legalidad ordinaria
PERJUICIO CAUSADO
Afectada la integridad psíquica, la salud mental
Afectados derechos laborales y contraprestación por el trabajo


sábado, 4 de agosto de 2012

Acoso laboral II

"El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado." Artículo 1902 del Código Civil.

Comienzo mencionando éste artículo porque hay quienes pensamos que el acoso moral también se debería ver dentro del plano de los derechos fundamentales. Esta idea la mantiene el magistrado Jordi Agustí Maragall, experto en el tema, el cual también apunta la idea de que el acoso moral en el trabajo, como todos los acosos y agresiones, siempre ha existido, y el fenómeno nuevo es, precisamente, que se tenga conciencia de ello. El que se empiece a conocer este punto de vista es una pequeña luz en el camino.

El acoso tiene un arraigo en las relaciones de poder y el problema es que, si bien agreden al trabajador, como no llega a ser una acción violenta, resulta difícil denunciar.

Para que el acoso moral sea penalizado hay que valorar cada supuesto concreto para ver que tipo de acoso se está cometiendo. Tenemos que tener en cuenta dos aspectos. En primer lugar, la conducta del acosador, que habrá que analizarla de un modo objetivo; en segundo lugar, el efecto subjetivo que produce en la persona. Hay que analizar si la conducta del acosador tiene una intencionalidad de buscar ese efecto concreto en el trabajador o bien si ese efecto se produce desde un punto de vista subjetivo por parte de éste último. Así sabremos si estamos ante un supuesto de mobbing o no.

La violación de los derechos laborales no siempre se puede considerar mobbing:
-porque no siempre busca el daño psicológico
-como tampoco siempre hay un deseo oculto de que el trabajador abandone la empresa,
-y como tampoco la conducta del hostigador no siempre es continuada buscando dañar la reputación de la víctima, contra el ejercicio de su trabajo o recriminándole supuestos malos resultados de su tarea.

Como se puede entender, es difícil llevar al terreno de las leyes un tema como el que nos ocupa. El estatuto de los trabajadores habla de integridad física, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales da un paso más, utiliza el término salud e indudablemente abarca tanto la física como la mental, pero se centra sobre todo en la prevención (como es lógico) y menos en lo que denomina "daños derivados del trabajo" como son las enfermedades, patologías o lesiones sufridas con motivo u ocasión del trabajo. Este sería el caso del mobbing.

La Agencia Europea de Salud y Seguridad en el Trabajo ha señalado que el acoso moral puede constituir un riesgo para la salud, que a menudo desemboca en enfermedades relacionadas con el estrés.

La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (con sede en Dublín) incluye el acoso moral dentro de la magnitud de las manifestaciones de violencia y hostigamiento. Hace hincapié en los efectos devastadores del acoso moral para la salud física y psíquica de las víctimas que a menudo necesitan asistencia médica y psicoterapéutica y por lo general se ven abocadas a ausentarse del trabajo por incapacidad laboral o a dimitir.

No hay que olvidar que este tema tiene consecuencias nefastas para los empleadores, pues afecta a la rentabilidad y la eficacia económica de la empresa por el absentismo que implica, por la reducción de la productividad de los trabajadores debido a la confusión mental o la falta de concentración y por el pago de subsidios a los trabajadores despedidos.

Si bien una vez sacado a la luz el problema se tomarán medidas, éstas no suelen ser las adecuadas. Por ley se establece el tomar medidas procedentes como:
- medidas de carácter organizativo destinadas a disminuir la tensión entre los trabajadores
-medidas de ayuda y atención a la persona agredida
-medidas de prevención general para impedir que estas agresiones se repitan
-medidas disciplinarias, como traslado del agresor

pero la realidad nos dice que no es así; a veces la "ayuda" es tildar a la persona agredida de "difícil" "complicada" incluso que tiene problemas psicológicos, aconsejándole que coja la baja (porque lo que tiene son problemas personales....); otras veces (o añadido a lo anterior) a quien trasladan es a la víctima, quedando el acosador en libertad para acechar otra posible víctima.

Y para rizar el rizo....¿qué pasa cuando el mobbing se está dando en el seno de una organización que en teoría tiene que ayudar en este tema? por ejemplo, en un sindicato. Pues también se da el caso, también. Y tampoco saben actuar, repitiendo el patrón de conducta de otros centros de trabajo. Por lo tanto, a la hora de la verdad, los que debieran ayudar, no saben y lo hacen mal (aunque se les llene la boca de buenas intenciones).
Es un buen ejemplo para conocer que es un tema muy hablado pero poco conocido y menos entendido. Es un claro ejemplo de que los temas psicológicos los deben tratar profesionales y no vale que por leer un par de documentos en unas pocas horas de un curso ya nos consideremos expertos en ello, pues parece fácil, pero no lo es.


Nos queda mucho camino...

Acoso laboral I

¡Nunca consigue usted entender ni las cosas más simples! ¡Yo en su lugar me dedicaba a otra cosa! ¡Yo sí sé a que me dedico! ¡Yo sé pensar! ¡Yo soy el jefe! .... ¿te suena?
Son frases que un buen día se empiezan a escuchar en el trabajo. Y es solo un botón de muestra de como puede ser.
Desaires, bromas de mal gusto, recalcar los errores de otro, ignorarlo, no tenerle en cuenta ni darle explicaciones necesarias para el trabajo, descalificaciones, motes, no pagar dietas que se deben y tener que estar el trabajador pidiéndolas e incluso, a veces, suplicándolas, apelar al buen juicio y responsabilidad de la persona eficiente para sembrarle la semilla de la culpa, limitar las posibilidades de comunicarse, cambiar la ubicación separándole de sus compañeros, quitarle trabajo, juzgar de manera ofensiva su trabajo, o cuestiona sus decisiones; ataques mediante aislamiento social; ataques a la vida privada; agresiones verbales, como gritar, insultar, criticar permanentemente el trabajo de esa persona, y criticar y difundir rumores sobre la persona.
Todos ellos comportamientos hostiles. En definitiva, ataques mediante medidas adoptadas contra la víctima ... en fin, esto y más, mucho más, es el tema que nos ocupa.

Cualquiera puede en un momento u otro estar en el punto de mira tan sólo con resistirse a ser manipulado, no caer en el servilismo, inspirar celos, tener una cualidad muy destacada (creatividad, positividad, don de gentes), haber estado de baja y reincorporarse después de un largo período, negarse a participar en asuntos turbios...

Lo que caracteriza a un hostigador no es un patrón de personalidad definido, sino el hecho de que alguien, según él, peligroso por algún motivo, se atreva a limitar su poder. Un poder con el que oculta cuán débil, inseguro e indefenso se siente y que erige como una fachada de aparente energía para que los demás no vean su flaqueza.

El acoso psicológico en el trabajo tiene por objetivo la destrucción moral de la víctima con el fin de excluirla. El acoso es llevado a cabo por una persona que tiene el papel de perseguidor, investido de autoridad y carisma. Puede ser un compañero, tanto del mismo sexo como de sexo diferente; de un subordinado a su jefe, de un jefe superior, de un jefe inmediato, de un superior y un compañero..., pero al que siempre se acopla un poder intermedio compuesto por el resto de los trabajadores, que colaboran subrepticiamente, ya sea por miedo, inseguridad, desasosiego o porque mientras exista un "elemento perturbador" a quien señalar, éstos perciben que su supervivencia está garantizada.

Pueden mencionarse como causas del acoso moral, entre otras, las deficiencias en la organización del trabajo, la información interna y la gestión , así como los problemas de organización prolongados e irresueltos, que son un lastre para los grupos de trabajo y que pueden desembocar en una búsqueda de chivos expiatorios y en el acoso moral.


Es probable que mientras no tuviste conciencia de la situación de acoso y lo único que percibías era un clima de tensión desbordante que te mantenía alerta, hablar con familiares y amigos fue suficiente. Sin embargo, tal vez ahora no te resulte fácil seguir trabajando en un medio tóxico, tanto emocional como psicológicamente, y necesites otro tipo de ayudas.
Las consecuencias del miedo, el terror, la tristeza, la angustia y la inseguridad no son fáciles de sobrellevar y tal vez te des cuenta de que necesitas recurrir a quienes están en una posición más imparcial.
Independientemente de la fase de acoso en que te halles, si crees que debes buscar apoyos, no postergues la decisión. No se trata de continuar soportándolo. No hay nada que valga tanto para poner en juego tus derechos y tu dignidad, ni mucho menos tu salud.

No dudes en buscar refuerzos dentro y fuera de tu trabajo si consideras que debes autoprotegerte. En este sentido puedes:
  • Buscar apoyos en la empresa
  • Pedir consulta con un terapeuta
  • Asesorarte con técnicos especializados en acoso laboral para que intervengan en el conflicto
  • Recurrir a un abogado que conozca qué leyes se ajustan a los temas de acoso
  • Consultar asociaciones dedicadas al tema


No es fácil, nada fácil .... pero tampoco es fácil la situación en la que te encuentras. Le vamos a poner solución, que la tiene.


Bastantes personas acosadas no denuncian por miedo a las represarias del agresor. Otras se amedrantan ante la reconocida tendencia a culpar a la víctima (incluso por parte de agentes sociales) o temen la humillación que supone exponerse a una opinión pública insensible y recelosa.
No pocas "supervivientes" que deciden sincerarse son objeto de juicios incrédulos, despiadados o jocosos, aún por parte de sus seres más queridos y allegados.

Seguirá siendo un error recalcitrante mientras la sociedad mantenga una actitud de incomprensión, de ambivalencia y de escepticismo hacia las víctimas. Tenemos que lograr la convicción social de que cada vez que menospreciamos, inculpamos o enmudecemos a una persona acosada moralmente, no solo protegemos al agresor, sino que socabamos el respeto por la dignidad humana.

jueves, 2 de agosto de 2012

Principios psicológicos en la Economía

¿Puede el conocimiento científico de la Psicología ayudar a mejorar la economía? La respuesta es sí, los beneficios de la aplicación de los principios psicológicos al campo de la Economía son tales que han guiado la actual política de Barack Obama y han merecido la concesión del Premio Nóbel de Economía a un psicólogo, Daniel Kahneman, por integrar estas dos disciplinas.

Desde hace unas décadas, dentro de la ciencia económica surgió una nueva rama conocida como Economía Conductual, que integra los conocimientos científicos de la Psicología y los de la Economía. Esta línea de la ciencia económica apareció en contraposición a la línea tradicional de la Economía, cuya capacidad explicativa y predictora del comportamiento del consumidor, del inversor o económico en general, se ha demostrado limitada.

Dicha perspectiva tradicional de la Economía considera al ciudadano como un ser racional y, por tanto, el proceso de toma de decisiones económicas será óptimo, siempre y cuando se disponga de la información necesaria a nivel objetivo, sin tener en cuenta el poder que las emociones, los pensamientos o las tendencias sociales tienen en los procesos de toma de decisiones.

En la actualidad, cuando no hay duda de que es necesario cambiar determinados aspectos de nuestra economía para prevenir la repetición de una crisis económica como la que hoy vivimos, cabe preguntarse si es posible ese cambio y cómo habría de llevarse a cabo.

Así, la Economía Conductual afirma que se puede ayudar a las personas a tomar decisiones sobre su dinero y/o pertenencias de manera que obtengan el máximo beneficio y subraya que el cambio es posible, siempre que se tengan en cuenta los factores cognitivos, emocionales y sociales para potenciarlo, ya sea en el individuo concreto o en los diferentes grupos sociales.  

Ejemplos de la propuesta de la Economía Conductual, en nuestro país, serían el Plan Renove para cambiar el coche o los electrodomésticos de casa o la propia implantación del carné de conducir por puntos y las modificaciones en el estilo de conducir.

Finalmente, es destacable que se ha constatado que la implementación de programas fundamentados en estas técnicas son eficaces en la mejora de problemas reales a los que todos nos enfrentamos en nuestra vida cotidiana, como el programa "Save more tomorrow" que en 2004 Richard Thaler aplicó a los trabajadores de una empresa en EEUU que consiguieron pasar de ahorrar para la jubilación el 3,5% de sus ingresos al 13,6%.

Fuente:
Colegio oficial de psicólogos

Factores externos, factores genéticos

La medicina ha dado un salto cualitativo con el descubrimiento de la epigenética.

La epigenética es una ciencia que se basa en el estudio de la manera en que ciertos factores ambientales y estilos de vida (alimentación, ejercicio, etc.) pueden determinar la expresión de determinados genes. Hasta ahora se pensaba que las enfermedades, como el cáncer, se debían a mutaciones genéticas de carácter irreversible. Sin embargo, estudios recientes han puesto de manifiesto que no sólo heredamos los genes, sino también otros cambios del genoma, que, aunque no alteran la secuencia genética fundamental, determinan que el gen se acabe expresando o no, es decir, que se mantenga activo o inactivo. Dicho de otra manera, esta ciencia se centra en los cambios reversibles del ADN y de las proteínas que se unen a él, y que hacen que unos genes se expresen o no en función de condiciones ambientales.

Tal y como señala F. Celnikier: "Creíamos, hasta ahora, que nuestros padres y abuelos simplemente nos pasaban sus genes. Y punto. Sin embargo, hoy sabemos que el aire que respiraron nuestros abuelos, el agua que bebieron o el ambiente psicosocial en el que vivieron pudieron afectar también a sus descendientes, incluso décadas después.
No se trata, por tanto, únicamente de qué genes heredamos o no de nuestros padres, sino de si están encendidos o apagados a través de interruptores epigenéticos".

La epigenética se está erigiendo como un puente de conexión plausible entre la biología y la salud mental. Un ejemplo de la aplicación de la epigenética en este campo, lo constituye la investigación sobre suicidio del equipo dirigido por McNally, de la Universidad McGill (Canadá). Estos investigadores han analizado el cerebro de personas que habían cometido suicidio, identificando unos patrones específicos de marcadores epigenéticos. Tal y como señala el profesor McNally, estos resultados ponen en evidencia que "el estrés se mete debajo de la piel", de ahí la importancia de considerar los factores ambientales y psicológicos en el desarrollo de las enfermedades.


En palabras de Wakefield, profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York, el cerebro humano es equivalente a un ordenador. El circuito cerebral constituiría el hardware, mientras que el procesamiento mental (que incluye las representaciones mentales genuinas de cada sujeto o los significados que atribuimos a las experiencias) correspondería al software. Al igual que los fallos de software suponen la razón principal de los errores del ordenador, los problemas de salud mental se deben a "errores" en nuestro procesamiento mental y no a fallos físicos en el circuito cerebral.

En este sentido, para Wakefield, "si nos centramos exclusivamente en el nivel cerebral, es probable que se pierda mucha información", es decir, el peligro de centrar la atención en el nivel biológico es que factores decisivos de tipo ambiental, conductual y social pueden pasar desapercibidos, y este empeño en centrarse en los aspectos biológicos "le está haciendo un flaco favor a los pacientes".

Todavía nos encontramos lejos de alcanzar esa visión matizada de los problemas de salud mental. No obstante, estos avances constituyen, sin duda, un comienzo.

Fuente:
http://www.apa.org/monitor/2012/06/roots.aspx