Heredera del humanismo, las ideas liberales, laicas y vanguardistas.

CÓDIGO DEONTOLÓGICO

Artículo 6


La profesión de Psicólogo/a se rige por principios comunes a toda deontología profesional: respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad para con los clientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Castigo

Una gran parte del aprendizaje se hace a través del ejemplo y la imitación. Los niños pequeños aprenden, más que nada, de lo que los mayores hacen en sus vidas. Si la relación del adulto con el niño es satisfactoria, este imitará probablemente la manera en que los mayores se comporten. Pero, incluso aunque la relación sea buena, el aprendizaje depende de las reacciones específicas de los padres y de los demás ante las acciones del niño. Si las reacciones de los padres no son adecuadas los niños aprenderán a hacer cosas que los padres no quieren que hagan.

Reforzar la "buena" conducta de los niños prestándole atención, elogiándolos, dándoles afecto o recompensas es, en última instancia, la manera de que se porten así con más frecuencia.

Muchos pequeños problemas como explosiones de mal humor cuando no consiguen lo que quieren, o el empleo de palabrotas para probar su reacción, pueden reducirse o eliminarse por completo si los padres y los demás son capaces de no atenderlos por un rato. Sin embargo, hay algunos actos que no pueden ignorarse, tales como el comportamiento destructivo o agresivo, que exigen atención y necesitan ser cambiados, para los que existen métodos efectivos de control.

¿Necesitamos castigar?

La mayoría de los padres emplean castigos de varias clases para intentar controlar la conducta de sus hijos. ¿Cuáles son sus efectos habituales?

El efecto del castigo es a menudo inmediato y a veces dramático. La actividad no deseada suele terminar rápidamente, por lo que no es de extrañar que los padres acostumbren a gritar, pegar y emplear otros castigos tan a menudo. Sin embargo, su uso frecuente, aparte de disgustar a la mayoría de los padres, tiene también una serie de efectos indeseables.

1. El efecto dura muy poco. A menos que el castigo sea sumamente severo, la conducta del niño revertirá a su forma anterior poco después de pasar el efecto del castigo. Todo lo que ocurre cuando los padres castigan es que se suprime temporalmente la conducta del niño, pero no se cambia de forma permanente.

2. El mismo castigo tiende a escalar. El niño repite la conducta indeseada y los padres repiten el castigo con un poco más de dureza. Cada vez se necesitan medidas más fuertes, pues lo que ocurre en realidad es que el niño se está entrenando en aguantar cada vez mejor los castigos.

3. Al mismo tiempo, los padres se ven impulsados a utilizar el castigo más y más veces. Cada vez que  lo castigan obtienen un alivio transitorio de la "mala" conducta del niño, se sienten recompensados por el cese de la conducta no deseada y aprenden así a emplear este método de control, excluyendo a menudo métodos más duraderos.

4. El efecto de lo anterior es que la relación del niño con su padre se deteriora al estar basada en el control punitivo más que en el estímulo. Esto suele producir reacciones emocionales que pueden ser más graves que el problema original.

5. El niño "aprende" del ejemplo de los padres a emplear una conducta agresiva para conseguir ante los demás lo que quiere. Ejemplo: un niño de seis años que juega con su hermana empieza a reñir y pelear. Se les dice que se separen o que jueguen juntos sin pelearse, pero el niño golpea y lastima a su hermana. La reacción inmediata de muchos padres, llenos de indignación, sería darle un azote o una bofetada; de este modo, la consecuencia inmediata para el niño por haber pegado a su hermana es el castigo de la bofetada.

Por lo general, hay que tener un gran cuidado con el castigo. Se sabe muy poco de sus efectos en cualquier circunstancia especial salvo que produce una modificación inmediata, pero transitoria, de la conducta.

Fuente: "Padres e hijos. Problemas cotidianos de conducta." Hermann A. Peine y Roy Howarth

Felicidad

"La Felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando disfrutamos de lo que tenemos".

No por sencillo deja de tener valor.
En esta sociedad en que vivimos, a veces nos olvidamos de que las cosas que de verdad son importantes, son a la vez sencillas. Parece mentira lo que nos cuesta "atesorar buenos momentos" arrastrados por la vorágine del consumismo y del "éxito profesional". 

Hay que buscar en el interior de la persona.
De hecho la felicidad no viene de cosas externas, sino que comienza en el interior de uno; el ser humano podrá tener toda la riqueza del mundo pero si no es feliz consigo mismo, de poco le vale.

El tiempo de la felicidad es hoy.
Hay que valorar las pequeñas cosas del día a día, pero el actual. Perdemos demasiado tiempo recordando el ayer y soñando con el mañana. Hay que vivir el ahora. 

Pero sobretodo...
La clave está en considerar a la felicidad como un medio (uso la felicidad para vivir mi día a día) y no como un fin en si mismo (no la busco).

Por lo tanto, si esto de la Felicidad es tan sencillo y obvio, ¿por qué desde que nacemos nos convencen de que, sobre todo, la felicidad hay que buscarla fuera y nos entrenan para eso? Siempre persiguiendo cosas que están fuera...

lunes, 5 de noviembre de 2012

Eficacia, eficiencia y efectividad de las intervenciones psicológicas

Es sabido que una parte muy importante de las demandas asistenciales en Atención Primaria, tiene que ver con problemas psicológicos, como trastornos de la ansiedad, del estado de ánimo y otros. Es importante analizar esta realidad y plantear la necesidad de la implantación de una atención psicológica de calidad en el ámbito de la Atención Primaria.

Es una evidencia que los tratamientos psicológicos, además de ser eficaces, son también efectivos y eficientes cuando se implantan en los diferentes contextos asistenciales y se comparan con otras formas de intervención. Los ciudadanos tienen derecho a que se les preste una atención sanitaria de calidad, y esto pasa por la necesidad de poder acceder a terapias psicológicas basadas en la evidencia en los centros de Atención Primaria. La presencia del psicólogo es hoy más que nunca una necesidad obligada si además tenemos en cuenta que el Sistema Sanitario está asumiendo un coste creciente debido a la medicalización y cronificación de determinados trastornos con una alta prevalencia entre la población.

El avance en psicofarmacología está estancado y, hoy por hoy, no existe garantía de que los psicofármacos funcionen partiendo del supuesto cambio biológico que preconizan.
En contrapartida a este punto de estancamiento, el avance científico y la consolidación de las terapias psicológicas para el tratamiento de los trastornos mentales en estos últimos años es imparable.

El pasado mes de agosto, la Asociación Americana de Psicología (APA) hizo pública la Resolución sobre el Reconocimiento de la Eficacia de la Psicoterapia (Resolution on the Recognition of Psychotherapy Effectiveness), un texto que recopila los hallazgos más importantes en este campo, sobre la base de más de 140 estudios de rigurosa calidad y metaanálisis. La Resolución concluye que los tratamientos psicológicos son significativamente eficaces y muy rentables y que, por lo tanto, deben ser reconocidos por los sistemas sanitarios públicos como una práctica consolidada y avalada en la evidencia.

La investigación sobre la eficacia, eficiencia y efectividad de las diferentes modalidades de intervención psicológica constituye un campo en pleno apogeo, que está cosechando continuos logros, tanto en ensayos clínicos controlados como en contextos reales. Sin embargo, no cuenta con el apoyo y subvención que caracteriza a la investigación en psicofarmacología, respaldada por poderosas compañías farmacéuticas.

Con el lema "los tratamientos psicológicos funcionan" (Psychotherapy Works), la APA ha elaborado una serie de vídeos animados donde realiza una parodia de un anuncio que publicita un fármaco milagroso que elimina la tristeza y la ansiedad para siempre. Frente al consumo de este hipotético y utópico fármaco, se comparan las ventajas adicionales que supone para las personas aquejadas de estos problemas realizar un programa de tratamiento psicológico.

Los tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica permiten que las personas aprendan habilidades y mejoren su autoestima, adquiriendo un papel activo sobre su problema y posibilitando la realización de cambios positivos a largo plazo en sus vidas. Además, no tienen efectos secundarios adversos y disminuyen la probabilidad de recaídas, en comparación con los psicofármacos.

Fuente: infocop