2012 llega a su fin. Sin lugar a dudas, un año singular.
Un año donde, a la mayoría de nosotros, la vida nos ha puesto a prueba. Un año donde también hemos demostrado estar a la altura de las circunstancias.
Hay tantos seres humanos que han logrado superar sus miedos, tantas personas que son felices por haber conseguido sus metas, tantos hombres y mujeres llenos de ilusión y ganas de superarse frente a las circunstancias que les ha tocado vivir... que aprendiendo de ellos, tomando ese aporte de un punto de vista diferente, positivo y alentador que en algún momento ha podido inspirar a otros, nos hace pensar y sentir que somos mucho más grandes que los problemas, somos la solución.
Deseo que el año 2013 sea mejor que el anterior y veamos cumplidas nuestras metas más deseadas. ¿Lo intentamos?
Heredera del humanismo, las ideas liberales, laicas y vanguardistas.
CÓDIGO DEONTOLÓGICO
Artículo 6
La profesión de Psicólogo/a se rige por principios comunes a toda deontología profesional: respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad para con los clientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.
lunes, 31 de diciembre de 2012
domingo, 23 de diciembre de 2012
Gestor del cambio
Las empresas viven, ahora, tiempos inciertos, donde lo único seguro es el cambio. Sin embargo, muchas se encuentran con problemas, precisamente, a la hora de gestionar ese cambio. El 70% de los proyectos que intentan implementarse en una compañía no llegan a hacerse.
Amanda Palazón, directora general de MM Global Action Advisors, dice que los responsables de esta resistencia son las personas. «Normalmente las estrategias son de la alta dirección y, cuando quiere ponerla en marcha, según va bajando por el organigrama se encuentra con personas que no están conformes con ese cambio. Primero, porque genera mucha inseguridad personal: si tú estás ocupando un puesto que controlas y, de repente, te van a cambiar, hay miedo. Y ese miedo, en épocas de crisis, se multiplica por dos, con lo cual la gente se resiste a ese cambio».
Para conseguir llevar a buen puerto un cambio en la empresa, la experta aconseja actuar sobre el equipo. «Si tú actúas sobre la persona, no sobre el proyecto, consigues el cambio, porque no todo el mundo tiene la misma resistencia ante el cambio». El cambio tienen que liderarlo las personas.
Amanda Palazón, directora general de MM Global Action Advisors, dice que los responsables de esta resistencia son las personas. «Normalmente las estrategias son de la alta dirección y, cuando quiere ponerla en marcha, según va bajando por el organigrama se encuentra con personas que no están conformes con ese cambio. Primero, porque genera mucha inseguridad personal: si tú estás ocupando un puesto que controlas y, de repente, te van a cambiar, hay miedo. Y ese miedo, en épocas de crisis, se multiplica por dos, con lo cual la gente se resiste a ese cambio».
Para conseguir llevar a buen puerto un cambio en la empresa, la experta aconseja actuar sobre el equipo. «Si tú actúas sobre la persona, no sobre el proyecto, consigues el cambio, porque no todo el mundo tiene la misma resistencia ante el cambio». El cambio tienen que liderarlo las personas.

Precisamente las empresas con más éxito son las que tienen claro este punto. La consultora Great Place to Work ha analizado recientemente los modelos de éxito de las protagonistas de su listado de las 'Mejores pymes para trabajar en España en 2011'. En todos los casos, estas empresas tienen claro que su principal activo son las personas, con la creencia de que hay que hacer las cosas "como nos gustaría que nos las hicieran a nosotros».
Amanda Palazón, de MM Global Action Advisors, considera que en las empresas debe de haber un departamento dedicado, en exclusiva, a la gestión del cambio, «que no esté en ningún área para no estar influida por ninguna de ellas». La experta considera que la de gestor del cambio es una nueva profesión, que cuenta a su vez con profesionales de características propias.
«Debe saber de recursos humanos, porque tiene que entender de formación y personas y, en algunos momentos, también debe dar apoyo, ya sea vía 'coaching' o 'mentoring'», apunta. Además, este experto cree que ha de tener una formación comercial: «la gestión del cambio es una venta interna, y cuantos más compradores tienes más fácil resulta hacerla».
«Debe saber de recursos humanos, porque tiene que entender de formación y personas y, en algunos momentos, también debe dar apoyo, ya sea vía 'coaching' o 'mentoring'», apunta. Además, este experto cree que ha de tener una formación comercial: «la gestión del cambio es una venta interna, y cuantos más compradores tienes más fácil resulta hacerla».
domingo, 16 de diciembre de 2012
Neuroselling
Está claro que cada uno compra lo que piensa que más satisface sus necesidades, y parece que hace un rápido balance de pros y contras bastante sensatos al escoger lo que desea… ¿o no?
¿Cuándo compramos con la cabeza?, ¿hay algún tipo de estímulo que facilite nuestras decisiones?
Veámoslo:
1. Comprar por precio en Media Mark porque “yo no soy tonto” (o cualquier otro comercio o proveedor que estimemos muy barato) y no mirar los precios en la competencia.
2. Comprar algo que no deseábamos, y hacerlo porque nos regalan “gratis” otro producto que tampoco compraríamos.
3. Hacer depender la calidad de un producto o servicio, del precio al que se ofrece (incluso cuando se trata de medicamentos).
4. Hacer depender el precio de algo respecto al tiempo que esté en nuestras manos y nuestra relación, ahora, más familiar con ese producto: si observamos un producto y nos preguntan qué precio pagaríamos por él y, horas después y tras habérnoslo regalado, nos preguntaran por qué precio lo venderíamos, el precio solicitado sería mayor que el que estaríamos dispuestos a pagar unas horas antes.
5. Comprar en el supermercado un producto del que no estamos totalmente convencidos y es algo más caro, sólo por no dar la vuelta por el mercado y volver a buscar el que deseamos, mientras que, solícitos, sí devolvemos el carro de la compra a su sitio, por recuperar nuestro euro (el juego de la recompensa mediata e inmediata, esfuerzo y gratificación)
6. Elegir o apreciar un vino, dependiendo de la música que escuchemos (http://www.saberdevino.com/el-vino-y-la-musica) o escoger un producto envasado por el recipiente que lo contiene.
7. Sentirnos más o menos culpables cuando compramos una bolsa de patatas fritas, dependiendo del color, más o menos llamativo de la bolsa.
8. Escoger una bebida por lo que supone la marca de vínculo emocional, en vez de otra que nos sabe mejor (y así nos lo dice nuestro putamen ventral en el cerebro: reto Pepsi) En definitiva, escoger uno u otro producto, no por lo que representa para nuestros sentidos y nos diría la lógica de nuestro gusto, sino por lo que emocionalmente representa ese producto o marca y ya está inserto en nuestro cerebro.
9. Apreciar como de mayor calidad un detergente porque ofrezca más espuma; un zumo de tomate porque sea más denso; un limpiador, porque tenga esencia de limón; o cualquier producto en el mercado donde compremos, porque se nos diga que es fresco (aunque esté envasado).
10. Y, por último, aunque falte aún algo de tiempo: tener la ilusión de que me pueda tocar el gordo de la lotería de Navidad, sabiendo que existen tan sólo un 0,0000117647 de posibilidades de que caiga el premio en mi décimo o pensar que es más difícil que me toque la lotería con el número 11.111 que con el 27.548
Decisiones irracionales, ¿Cuáles se te ocurren a ti?
Fuente: Jesús Gallego
¿Cuándo compramos con la cabeza?, ¿hay algún tipo de estímulo que facilite nuestras decisiones?
Veámoslo:
1. Comprar por precio en Media Mark porque “yo no soy tonto” (o cualquier otro comercio o proveedor que estimemos muy barato) y no mirar los precios en la competencia.
2. Comprar algo que no deseábamos, y hacerlo porque nos regalan “gratis” otro producto que tampoco compraríamos.
3. Hacer depender la calidad de un producto o servicio, del precio al que se ofrece (incluso cuando se trata de medicamentos).
4. Hacer depender el precio de algo respecto al tiempo que esté en nuestras manos y nuestra relación, ahora, más familiar con ese producto: si observamos un producto y nos preguntan qué precio pagaríamos por él y, horas después y tras habérnoslo regalado, nos preguntaran por qué precio lo venderíamos, el precio solicitado sería mayor que el que estaríamos dispuestos a pagar unas horas antes.
5. Comprar en el supermercado un producto del que no estamos totalmente convencidos y es algo más caro, sólo por no dar la vuelta por el mercado y volver a buscar el que deseamos, mientras que, solícitos, sí devolvemos el carro de la compra a su sitio, por recuperar nuestro euro (el juego de la recompensa mediata e inmediata, esfuerzo y gratificación)
6. Elegir o apreciar un vino, dependiendo de la música que escuchemos (http://www.saberdevino.com/el-vino-y-la-musica) o escoger un producto envasado por el recipiente que lo contiene.
7. Sentirnos más o menos culpables cuando compramos una bolsa de patatas fritas, dependiendo del color, más o menos llamativo de la bolsa.
8. Escoger una bebida por lo que supone la marca de vínculo emocional, en vez de otra que nos sabe mejor (y así nos lo dice nuestro putamen ventral en el cerebro: reto Pepsi) En definitiva, escoger uno u otro producto, no por lo que representa para nuestros sentidos y nos diría la lógica de nuestro gusto, sino por lo que emocionalmente representa ese producto o marca y ya está inserto en nuestro cerebro.
9. Apreciar como de mayor calidad un detergente porque ofrezca más espuma; un zumo de tomate porque sea más denso; un limpiador, porque tenga esencia de limón; o cualquier producto en el mercado donde compremos, porque se nos diga que es fresco (aunque esté envasado).
10. Y, por último, aunque falte aún algo de tiempo: tener la ilusión de que me pueda tocar el gordo de la lotería de Navidad, sabiendo que existen tan sólo un 0,0000117647 de posibilidades de que caiga el premio en mi décimo o pensar que es más difícil que me toque la lotería con el número 11.111 que con el 27.548
Decisiones irracionales, ¿Cuáles se te ocurren a ti?
Fuente: Jesús Gallego
jueves, 22 de noviembre de 2012
Castigo
Una gran parte del aprendizaje se hace a través del ejemplo y la imitación. Los niños pequeños aprenden, más que nada, de lo que los mayores hacen en sus vidas. Si la relación del adulto con el niño es satisfactoria, este imitará probablemente la manera en que los mayores se comporten. Pero, incluso aunque la relación sea buena, el aprendizaje depende de las reacciones específicas de los padres y de los demás ante las acciones del niño. Si las reacciones de los padres no son adecuadas los niños aprenderán a hacer cosas que los padres no quieren que hagan.
Reforzar la "buena" conducta de los niños prestándole atención, elogiándolos, dándoles afecto o recompensas es, en última instancia, la manera de que se porten así con más frecuencia.
Muchos pequeños problemas como explosiones de mal humor cuando no consiguen lo que quieren, o el empleo de palabrotas para probar su reacción, pueden reducirse o eliminarse por completo si los padres y los demás son capaces de no atenderlos por un rato. Sin embargo, hay algunos actos que no pueden ignorarse, tales como el comportamiento destructivo o agresivo, que exigen atención y necesitan ser cambiados, para los que existen métodos efectivos de control.
¿Necesitamos castigar?
La mayoría de los padres emplean castigos de varias clases para intentar controlar la conducta de sus hijos. ¿Cuáles son sus efectos habituales?
El efecto del castigo es a menudo inmediato y a veces dramático. La actividad no deseada suele terminar rápidamente, por lo que no es de extrañar que los padres acostumbren a gritar, pegar y emplear otros castigos tan a menudo. Sin embargo, su uso frecuente, aparte de disgustar a la mayoría de los padres, tiene también una serie de efectos indeseables.
1. El efecto dura muy poco. A menos que el castigo sea sumamente severo, la conducta del niño revertirá a su forma anterior poco después de pasar el efecto del castigo. Todo lo que ocurre cuando los padres castigan es que se suprime temporalmente la conducta del niño, pero no se cambia de forma permanente.
2. El mismo castigo tiende a escalar. El niño repite la conducta indeseada y los padres repiten el castigo con un poco más de dureza. Cada vez se necesitan medidas más fuertes, pues lo que ocurre en realidad es que el niño se está entrenando en aguantar cada vez mejor los castigos.
3. Al mismo tiempo, los padres se ven impulsados a utilizar el castigo más y más veces. Cada vez que lo castigan obtienen un alivio transitorio de la "mala" conducta del niño, se sienten recompensados por el cese de la conducta no deseada y aprenden así a emplear este método de control, excluyendo a menudo métodos más duraderos.

4. El efecto de lo anterior es que la relación del niño con su padre se deteriora al estar basada en el control punitivo más que en el estímulo. Esto suele producir reacciones emocionales que pueden ser más graves que el problema original.
5. El niño "aprende" del ejemplo de los padres a emplear una conducta agresiva para conseguir ante los demás lo que quiere. Ejemplo: un niño de seis años que juega con su hermana empieza a reñir y pelear. Se les dice que se separen o que jueguen juntos sin pelearse, pero el niño golpea y lastima a su hermana. La reacción inmediata de muchos padres, llenos de indignación, sería darle un azote o una bofetada; de este modo, la consecuencia inmediata para el niño por haber pegado a su hermana es el castigo de la bofetada.
Por lo general, hay que tener un gran cuidado con el castigo. Se sabe muy poco de sus efectos en cualquier circunstancia especial salvo que produce una modificación inmediata, pero transitoria, de la conducta.
Fuente: "Padres e hijos. Problemas cotidianos de conducta." Hermann A. Peine y Roy Howarth
Reforzar la "buena" conducta de los niños prestándole atención, elogiándolos, dándoles afecto o recompensas es, en última instancia, la manera de que se porten así con más frecuencia.
Muchos pequeños problemas como explosiones de mal humor cuando no consiguen lo que quieren, o el empleo de palabrotas para probar su reacción, pueden reducirse o eliminarse por completo si los padres y los demás son capaces de no atenderlos por un rato. Sin embargo, hay algunos actos que no pueden ignorarse, tales como el comportamiento destructivo o agresivo, que exigen atención y necesitan ser cambiados, para los que existen métodos efectivos de control.
¿Necesitamos castigar?
La mayoría de los padres emplean castigos de varias clases para intentar controlar la conducta de sus hijos. ¿Cuáles son sus efectos habituales?El efecto del castigo es a menudo inmediato y a veces dramático. La actividad no deseada suele terminar rápidamente, por lo que no es de extrañar que los padres acostumbren a gritar, pegar y emplear otros castigos tan a menudo. Sin embargo, su uso frecuente, aparte de disgustar a la mayoría de los padres, tiene también una serie de efectos indeseables.
1. El efecto dura muy poco. A menos que el castigo sea sumamente severo, la conducta del niño revertirá a su forma anterior poco después de pasar el efecto del castigo. Todo lo que ocurre cuando los padres castigan es que se suprime temporalmente la conducta del niño, pero no se cambia de forma permanente.
2. El mismo castigo tiende a escalar. El niño repite la conducta indeseada y los padres repiten el castigo con un poco más de dureza. Cada vez se necesitan medidas más fuertes, pues lo que ocurre en realidad es que el niño se está entrenando en aguantar cada vez mejor los castigos.
3. Al mismo tiempo, los padres se ven impulsados a utilizar el castigo más y más veces. Cada vez que lo castigan obtienen un alivio transitorio de la "mala" conducta del niño, se sienten recompensados por el cese de la conducta no deseada y aprenden así a emplear este método de control, excluyendo a menudo métodos más duraderos.

4. El efecto de lo anterior es que la relación del niño con su padre se deteriora al estar basada en el control punitivo más que en el estímulo. Esto suele producir reacciones emocionales que pueden ser más graves que el problema original.5. El niño "aprende" del ejemplo de los padres a emplear una conducta agresiva para conseguir ante los demás lo que quiere. Ejemplo: un niño de seis años que juega con su hermana empieza a reñir y pelear. Se les dice que se separen o que jueguen juntos sin pelearse, pero el niño golpea y lastima a su hermana. La reacción inmediata de muchos padres, llenos de indignación, sería darle un azote o una bofetada; de este modo, la consecuencia inmediata para el niño por haber pegado a su hermana es el castigo de la bofetada.
Por lo general, hay que tener un gran cuidado con el castigo. Se sabe muy poco de sus efectos en cualquier circunstancia especial salvo que produce una modificación inmediata, pero transitoria, de la conducta.
Fuente: "Padres e hijos. Problemas cotidianos de conducta." Hermann A. Peine y Roy Howarth
Felicidad
"La Felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando disfrutamos de lo que tenemos".
No por sencillo deja de tener valor.
En esta sociedad en que vivimos, a veces nos olvidamos de que las cosas que de verdad son importantes, son a la vez sencillas. Parece mentira lo que nos cuesta "atesorar buenos momentos" arrastrados por la vorágine del consumismo y del "éxito profesional".
Hay que buscar en el interior de la persona.
No por sencillo deja de tener valor.
En esta sociedad en que vivimos, a veces nos olvidamos de que las cosas que de verdad son importantes, son a la vez sencillas. Parece mentira lo que nos cuesta "atesorar buenos momentos" arrastrados por la vorágine del consumismo y del "éxito profesional".
Hay que buscar en el interior de la persona.
De hecho la felicidad no viene de cosas externas, sino que comienza en el interior de uno; el ser humano podrá tener toda la riqueza del mundo pero si no es feliz consigo mismo, de poco le vale.
El tiempo de la felicidad es hoy.
El tiempo de la felicidad es hoy.
Hay que valorar las pequeñas cosas del día a día, pero el actual. Perdemos demasiado tiempo recordando el ayer y soñando con el mañana. Hay que vivir el ahora.
Pero sobretodo...
La clave está en considerar a la felicidad como un medio (uso la felicidad para vivir mi día a día) y no como un fin en si mismo (no la busco).
Por lo tanto, si esto de la Felicidad es tan sencillo y obvio, ¿por qué desde que nacemos nos convencen de que, sobre todo, la felicidad hay que buscarla fuera y nos entrenan para eso? Siempre persiguiendo cosas que están fuera...
La clave está en considerar a la felicidad como un medio (uso la felicidad para vivir mi día a día) y no como un fin en si mismo (no la busco).Por lo tanto, si esto de la Felicidad es tan sencillo y obvio, ¿por qué desde que nacemos nos convencen de que, sobre todo, la felicidad hay que buscarla fuera y nos entrenan para eso? Siempre persiguiendo cosas que están fuera...
lunes, 5 de noviembre de 2012
Eficacia, eficiencia y efectividad de las intervenciones psicológicas
Es sabido que una parte muy importante de las demandas asistenciales en Atención Primaria, tiene que ver con problemas psicológicos, como trastornos de la ansiedad, del estado de ánimo y otros. Es importante analizar esta realidad y plantear la necesidad de la implantación de una atención psicológica de calidad en el ámbito de la Atención Primaria.
Es una evidencia que los tratamientos psicológicos, además de ser eficaces, son también efectivos y eficientes cuando se implantan en los diferentes contextos asistenciales y se comparan con otras formas de intervención. Los ciudadanos tienen derecho a que se les preste una atención sanitaria de calidad, y esto pasa por la necesidad de poder acceder a terapias psicológicas basadas en la evidencia en los centros de Atención Primaria. La presencia del psicólogo es hoy más que nunca una necesidad obligada si además tenemos en cuenta que el Sistema Sanitario está asumiendo un coste creciente debido a la medicalización y cronificación de determinados trastornos con una alta prevalencia entre la población.
El avance en psicofarmacología está estancado y, hoy por hoy, no existe garantía de que los psicofármacos funcionen partiendo del supuesto cambio biológico que preconizan.
En contrapartida a este punto de estancamiento, el avance científico y la consolidación de las terapias psicológicas para el tratamiento de los trastornos mentales en estos últimos años es imparable.
El pasado mes de agosto, la Asociación Americana de Psicología (APA) hizo pública la Resolución sobre el Reconocimiento de la Eficacia de la Psicoterapia (Resolution on the Recognition of Psychotherapy Effectiveness), un texto que recopila los hallazgos más importantes en este campo, sobre la base de más de 140 estudios de rigurosa calidad y metaanálisis. La Resolución concluye que los tratamientos psicológicos son significativamente eficaces y muy rentables y que, por lo tanto, deben ser reconocidos por los sistemas sanitarios públicos como una práctica consolidada y avalada en la evidencia.
La investigación sobre la eficacia, eficiencia y efectividad de las diferentes modalidades de intervención psicológica constituye un campo en pleno apogeo, que está cosechando continuos logros, tanto en ensayos clínicos controlados como en contextos reales. Sin embargo, no cuenta con el apoyo y subvención que caracteriza a la investigación en psicofarmacología, respaldada por poderosas compañías farmacéuticas.
Con el lema "los tratamientos psicológicos funcionan" (Psychotherapy Works), la APA ha elaborado una serie de vídeos animados donde realiza una parodia de un anuncio que publicita un fármaco milagroso que elimina la tristeza y la ansiedad para siempre. Frente al consumo de este hipotético y utópico fármaco, se comparan las ventajas adicionales que supone para las personas aquejadas de estos problemas realizar un programa de tratamiento psicológico.
Los tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica permiten que las personas aprendan habilidades y mejoren su autoestima, adquiriendo un papel activo sobre su problema y posibilitando la realización de cambios positivos a largo plazo en sus vidas. Además, no tienen efectos secundarios adversos y disminuyen la probabilidad de recaídas, en comparación con los psicofármacos.
Fuente: infocop
Es una evidencia que los tratamientos psicológicos, además de ser eficaces, son también efectivos y eficientes cuando se implantan en los diferentes contextos asistenciales y se comparan con otras formas de intervención. Los ciudadanos tienen derecho a que se les preste una atención sanitaria de calidad, y esto pasa por la necesidad de poder acceder a terapias psicológicas basadas en la evidencia en los centros de Atención Primaria. La presencia del psicólogo es hoy más que nunca una necesidad obligada si además tenemos en cuenta que el Sistema Sanitario está asumiendo un coste creciente debido a la medicalización y cronificación de determinados trastornos con una alta prevalencia entre la población.
El avance en psicofarmacología está estancado y, hoy por hoy, no existe garantía de que los psicofármacos funcionen partiendo del supuesto cambio biológico que preconizan.
En contrapartida a este punto de estancamiento, el avance científico y la consolidación de las terapias psicológicas para el tratamiento de los trastornos mentales en estos últimos años es imparable.
El pasado mes de agosto, la Asociación Americana de Psicología (APA) hizo pública la Resolución sobre el Reconocimiento de la Eficacia de la Psicoterapia (Resolution on the Recognition of Psychotherapy Effectiveness), un texto que recopila los hallazgos más importantes en este campo, sobre la base de más de 140 estudios de rigurosa calidad y metaanálisis. La Resolución concluye que los tratamientos psicológicos son significativamente eficaces y muy rentables y que, por lo tanto, deben ser reconocidos por los sistemas sanitarios públicos como una práctica consolidada y avalada en la evidencia.La investigación sobre la eficacia, eficiencia y efectividad de las diferentes modalidades de intervención psicológica constituye un campo en pleno apogeo, que está cosechando continuos logros, tanto en ensayos clínicos controlados como en contextos reales. Sin embargo, no cuenta con el apoyo y subvención que caracteriza a la investigación en psicofarmacología, respaldada por poderosas compañías farmacéuticas.
Con el lema "los tratamientos psicológicos funcionan" (Psychotherapy Works), la APA ha elaborado una serie de vídeos animados donde realiza una parodia de un anuncio que publicita un fármaco milagroso que elimina la tristeza y la ansiedad para siempre. Frente al consumo de este hipotético y utópico fármaco, se comparan las ventajas adicionales que supone para las personas aquejadas de estos problemas realizar un programa de tratamiento psicológico.
Los tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica permiten que las personas aprendan habilidades y mejoren su autoestima, adquiriendo un papel activo sobre su problema y posibilitando la realización de cambios positivos a largo plazo en sus vidas. Además, no tienen efectos secundarios adversos y disminuyen la probabilidad de recaídas, en comparación con los psicofármacos.
Fuente: infocop
viernes, 5 de octubre de 2012
El enfado
Tras una exhaustiva serie de cuidadosos experimentos, Dolf Zillmann, psicólogo de la universidad de Alabama, ha concluido que el detonante universal del enfado es la sensación de hallarse amenazado. Y no se refiere solamente a la amenaza física sino también, como suele ocurrir, a cualquier amenaza simbólica para nuestra autoestima o nuestro amor propio (como, por ejemplo, sentirse tratado ruda o injustamente, sentirse insultado, menospreciado, frustrado en la consecución de un determinado objetivo, etcétera), percepciones, todas ellas, que actúan a modo de detonante de una respuesta límbica.
En el proceso del enfado, a nivel físico, cada uno de los pensamientos o percepciones irritantes se convierte en un mini-detonante de la descarga catecolamínica de la amígdala, y cada una de estas descargas se ve fortalecida, a su vez, por el impulso hormonal precedente. De este modo, una segunda descarga tiene lugar antes de que la primera se haya disipado, una tercera se suma a las dos precedentes y así sucesivamente. Es como si cada nueva descarga cabalgara a lomos de las anteriores, aumentando así vertiginosamente la escalada del nivel de excitación fisiológica. Cualquier pensamiento que tenga lugar durante este proceso provocará una irritación mucho más intensa que la que tendría lugar al comienzo de la secuencia. De este modo, el enfado se construye sobre el enfado al tiempo que la temperatura de nuestro cerebro emocional va aumentando. Para ese entonces, la ira, ante la que nuestra razón se muestra impotente, desembocará fácilmente en un estallido de violencia.

En este momento, la persona se siente incapaz de perdonar y se cierra a todo razonamiento. Todos sus pensamientos gravitan en torno a la venganza y la represalia, sin detenerse a considerar las posibles consecuencias de sus actos. Así la persona enfadada se retrotrae a la más primitiva de las respuestas.
Todo ello explica por qué la mayoría de las personas parecen más predispuestas a enfadarse una vez que ya han sido provocadas o se hallan ligeramente excitadas. Por otra parte, todos lo tipos de estrés provocan una excitación adrenocortical que contribuye a bajar el umbral de la irritabilidad. De este modo, después de un duro día de trabajo, una persona se sentirá especialmente predispuesta a enfadarse en casa por las razones más insignificantes -el ruido o el desorden de los niños, por ejemplo-, razones que en otras circunstancias no tendrían el poder suficiente para desencadenar un secuestro emocional.
Por otro lado, los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, un fuego que sólo podrá extinguirse contemplando las cosas desde un punto de vista diferente, y para ello se necesita distancia o enfriamiento de ese fuego. Proceso que por la propia característica de esos pensamientos, no ocurre.
Por tanto, hay que trabajar esos dos puntos:
- cortar los pensamientos obsesivos
- hacerlo en un primer momento, cuando aparecen, para no alimentarlos y que lleguen a esos estadios posteriores difíciles de controlar.
En el proceso del enfado, a nivel físico, cada uno de los pensamientos o percepciones irritantes se convierte en un mini-detonante de la descarga catecolamínica de la amígdala, y cada una de estas descargas se ve fortalecida, a su vez, por el impulso hormonal precedente. De este modo, una segunda descarga tiene lugar antes de que la primera se haya disipado, una tercera se suma a las dos precedentes y así sucesivamente. Es como si cada nueva descarga cabalgara a lomos de las anteriores, aumentando así vertiginosamente la escalada del nivel de excitación fisiológica. Cualquier pensamiento que tenga lugar durante este proceso provocará una irritación mucho más intensa que la que tendría lugar al comienzo de la secuencia. De este modo, el enfado se construye sobre el enfado al tiempo que la temperatura de nuestro cerebro emocional va aumentando. Para ese entonces, la ira, ante la que nuestra razón se muestra impotente, desembocará fácilmente en un estallido de violencia.

En este momento, la persona se siente incapaz de perdonar y se cierra a todo razonamiento. Todos sus pensamientos gravitan en torno a la venganza y la represalia, sin detenerse a considerar las posibles consecuencias de sus actos. Así la persona enfadada se retrotrae a la más primitiva de las respuestas.
Todo ello explica por qué la mayoría de las personas parecen más predispuestas a enfadarse una vez que ya han sido provocadas o se hallan ligeramente excitadas. Por otra parte, todos lo tipos de estrés provocan una excitación adrenocortical que contribuye a bajar el umbral de la irritabilidad. De este modo, después de un duro día de trabajo, una persona se sentirá especialmente predispuesta a enfadarse en casa por las razones más insignificantes -el ruido o el desorden de los niños, por ejemplo-, razones que en otras circunstancias no tendrían el poder suficiente para desencadenar un secuestro emocional.
Por otro lado, los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, un fuego que sólo podrá extinguirse contemplando las cosas desde un punto de vista diferente, y para ello se necesita distancia o enfriamiento de ese fuego. Proceso que por la propia característica de esos pensamientos, no ocurre.
Por tanto, hay que trabajar esos dos puntos:
- cortar los pensamientos obsesivos
- hacerlo en un primer momento, cuando aparecen, para no alimentarlos y que lleguen a esos estadios posteriores difíciles de controlar.
sábado, 1 de septiembre de 2012
CI e inteligencia emocional
El CI (cociente intelectual) y la inteligencia emocional no son conceptos contrapuestos sino tan sólo diferentes. Todos nosotros representamos una combinación peculiar entre el intelecto y la emoción. Las personas que tienen un elevado CI, pero que, en cambio, manifiestan una escasa inteligencia emocional, o que por el contrario, muestran un bajo CI con una elevada inteligencia emocional, escasean. Son los tipos puros. En ellos los rasgos más sobresalientes difieren ligeramente entre hombres y mujeres.
Los hombres con un elevado CI se caracterizan por una amplia gama de intereses y habilidades intelectuales y suelen ser ambiciosos, productivos, predecibles, tenaces y poco dados a reparar en sus propias necesidades. Tienden a ser críticos, condescendientes, aprensivos, inhibidos, a sentirse incómodos con la sexualidad y las experiencias sensoriales en general y son poco expresivos, distantes y emocionalmente fríos y tranquilos.
Por el contrario, los hombres que poseen una elevada inteligencia emocional suelen ser socialmente equilibrados, extravertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a rumiar sus preocupaciones. Demuestran estar dotados de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida y son afables y cariñosos en sus relaciones. Su vida emocional es rica y apropiada; se sienten, en suma, a gusto consigo mismos, con sus semejantes y con el universo social en el que viven.
Por su parte, el tipo puro de mujer con un elevado CI manifiesta una previsible confianza intelectual, es capaz de expresar claramente sus pensamientos, valora las cuestiones teóricas y presenta un amplio abanico de intereses estéticos e intelectuales. También tiende a ser introspectiva, predispuesta a la ansiedad, a la preocupación y la culpabilidad, y se muestra poco dispuesta a expresar públicamente su enfado (aunque pueda expresarlo de un modo indirecto).
En cambio, las mujeres emocionalmente inteligentes tienden a ser enérgicas y a expresar sus sentimientos sin ambages, tienen una visión positiva de sí mismas y para ellas la vida siempre tiene un sentido. Al igual que ocurre con los hombres, suelen ser abiertas y sociables, expresan sus sentimientos adecuadamente (en lugar de entregarse, por así decirlo, a arranques emocionales de los que posteriormente tengan que lamentarse) y soportan bien la tensión. Su equilibrio social les permite hacer rápidamente nuevas amistades; se sienten lo bastante a gusto consigo mismas como para mostrarse alegres, espontáneas y abiertas a las experiencias sensuales. Y, a diferencia de lo que ocurre con el tipo puro de mujer con un elevado CI, raramente se sienten ansiosas, culpables o se ahogan en sus preocupaciones.
Estos retratos, obviamente, resultan caricaturescos porque toda persona es el resultado de la combinación, en distintas proporciones, entre el CI y la inteligencia emocional. Pero, en cualquier caso, nos ofrecen una visión sumamente instructiva del tipo de aptitudes específicas que ambas dimensiones pueden aportar al conglomerado de cualidades que constituye una persona. Ambas imágenes, pues, se presentan combinadas porque toda persona posee inteligencia cognitiva e inteligencia emocional, aunque lo cierto es que la inteligencia emocional aporta, con mucha diferencia, la clase de cualidades que más nos ayudan a convertirnos en auténticos seres humanos.
Fuente: Daniel Goleman, Inteligencia emocional
Los hombres con un elevado CI se caracterizan por una amplia gama de intereses y habilidades intelectuales y suelen ser ambiciosos, productivos, predecibles, tenaces y poco dados a reparar en sus propias necesidades. Tienden a ser críticos, condescendientes, aprensivos, inhibidos, a sentirse incómodos con la sexualidad y las experiencias sensoriales en general y son poco expresivos, distantes y emocionalmente fríos y tranquilos.
Por el contrario, los hombres que poseen una elevada inteligencia emocional suelen ser socialmente equilibrados, extravertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a rumiar sus preocupaciones. Demuestran estar dotados de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida y son afables y cariñosos en sus relaciones. Su vida emocional es rica y apropiada; se sienten, en suma, a gusto consigo mismos, con sus semejantes y con el universo social en el que viven.
Por su parte, el tipo puro de mujer con un elevado CI manifiesta una previsible confianza intelectual, es capaz de expresar claramente sus pensamientos, valora las cuestiones teóricas y presenta un amplio abanico de intereses estéticos e intelectuales. También tiende a ser introspectiva, predispuesta a la ansiedad, a la preocupación y la culpabilidad, y se muestra poco dispuesta a expresar públicamente su enfado (aunque pueda expresarlo de un modo indirecto).
En cambio, las mujeres emocionalmente inteligentes tienden a ser enérgicas y a expresar sus sentimientos sin ambages, tienen una visión positiva de sí mismas y para ellas la vida siempre tiene un sentido. Al igual que ocurre con los hombres, suelen ser abiertas y sociables, expresan sus sentimientos adecuadamente (en lugar de entregarse, por así decirlo, a arranques emocionales de los que posteriormente tengan que lamentarse) y soportan bien la tensión. Su equilibrio social les permite hacer rápidamente nuevas amistades; se sienten lo bastante a gusto consigo mismas como para mostrarse alegres, espontáneas y abiertas a las experiencias sensuales. Y, a diferencia de lo que ocurre con el tipo puro de mujer con un elevado CI, raramente se sienten ansiosas, culpables o se ahogan en sus preocupaciones.
Estos retratos, obviamente, resultan caricaturescos porque toda persona es el resultado de la combinación, en distintas proporciones, entre el CI y la inteligencia emocional. Pero, en cualquier caso, nos ofrecen una visión sumamente instructiva del tipo de aptitudes específicas que ambas dimensiones pueden aportar al conglomerado de cualidades que constituye una persona. Ambas imágenes, pues, se presentan combinadas porque toda persona posee inteligencia cognitiva e inteligencia emocional, aunque lo cierto es que la inteligencia emocional aporta, con mucha diferencia, la clase de cualidades que más nos ayudan a convertirnos en auténticos seres humanos.
Fuente: Daniel Goleman, Inteligencia emocional
martes, 28 de agosto de 2012
Emociones e inteligencia
Peter Salovey, notable psicólogo de Harvard, ha establecido con todo lujo de detalles el modo de aportar más inteligencia a nuestras emociones. Al igual que otros psicólogos, ha adoptado una visión más amplia de la inteligencia y se ha reformulado ésta dándole un enfoque más adecuado a la vida de cada uno.
La definición de Salovey organiza las "inteligencias personales" de Gardner abarcando cinco competencias principales:
1. El conocimiento de las propias emociones. El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional. La incapacidad de percibir nuestros verdaderos sentimientos nos deja completamente a su merced. Las personas que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales.
2. La capacidad de controlar las emociones. La conciencia de uno mismo es una habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento. Es importante la capacidad de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, de la tristeza, de la irritabilidad exageradas y de las consecuencias que acarrea su ausencia. Las personas que carecen de esta habilidad tienen que batallar constantemente con las tensiones desagradables mientras que, por el contrario, quienes destacan en el ejercicio de esta capacidad se recuperan mucho más rápidamente de los reveses y contratiempos de la vida.
3. La capacidad de motivarse uno mismo. El control de la vida emocional y su subordinación a un objetivo resulta esencial para espolear y mantener la atención, la motivación y la creatividad. El autocontrol emocional -la capacidad de demorar la gratificación y sofocar la impulsividad- constituye un imponderable que subyace a todo logro. Las personas que tienen esta habilidad suelen ser más productivas y eficaces en todas las empresas que acometen.
4. El reconocimiento de las emociones ajenas. La empatía, otra capacidad que se asienta en la conciencia emocional de uno mismo, constituye la "habilidad popular" fundamental. Las personas empáticas suelen sintonizar con las señales sociales sutiles que indican qué necesitan o qué quieren los demás y esta capacidad las hace más aptas para el desempeño de vocaciones tales como las profesiones sanitarias, la docencia, las ventas y la dirección de empresas.
5. El control de las relaciones. El arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas. Éstas son las habilidades que subyacen a la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal.
No todas las personas manifiestan el mismo grado de pericia en cada uno de estos dominios. Hay quienes son sumamente diestros en gobernar su propia ansiedad, por ejemplo, pero en cambio, son relativamente ineptos cuando se trata de apaciguar los trastornos emocionales ajenos. A fin de cuentas, el sustrato de nuestra pericia al respecto es neurológico, pero el cerebro es asombrosamente plástico y se halla sometido a un continuo proceso de aprendizaje. Las lagunas en la habilidad emocional pueden remediarse y, en términos generales, cada uno de estos dominios representa un conjunto de hábitos y de reacciones que, con el esfuerzo adecuado, pueden llegar a mejorarse.
La definición de Salovey organiza las "inteligencias personales" de Gardner abarcando cinco competencias principales:
1. El conocimiento de las propias emociones. El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional. La incapacidad de percibir nuestros verdaderos sentimientos nos deja completamente a su merced. Las personas que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales.
2. La capacidad de controlar las emociones. La conciencia de uno mismo es una habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento. Es importante la capacidad de tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, de la tristeza, de la irritabilidad exageradas y de las consecuencias que acarrea su ausencia. Las personas que carecen de esta habilidad tienen que batallar constantemente con las tensiones desagradables mientras que, por el contrario, quienes destacan en el ejercicio de esta capacidad se recuperan mucho más rápidamente de los reveses y contratiempos de la vida.
3. La capacidad de motivarse uno mismo. El control de la vida emocional y su subordinación a un objetivo resulta esencial para espolear y mantener la atención, la motivación y la creatividad. El autocontrol emocional -la capacidad de demorar la gratificación y sofocar la impulsividad- constituye un imponderable que subyace a todo logro. Las personas que tienen esta habilidad suelen ser más productivas y eficaces en todas las empresas que acometen.
4. El reconocimiento de las emociones ajenas. La empatía, otra capacidad que se asienta en la conciencia emocional de uno mismo, constituye la "habilidad popular" fundamental. Las personas empáticas suelen sintonizar con las señales sociales sutiles que indican qué necesitan o qué quieren los demás y esta capacidad las hace más aptas para el desempeño de vocaciones tales como las profesiones sanitarias, la docencia, las ventas y la dirección de empresas.
5. El control de las relaciones. El arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas. Éstas son las habilidades que subyacen a la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal.
No todas las personas manifiestan el mismo grado de pericia en cada uno de estos dominios. Hay quienes son sumamente diestros en gobernar su propia ansiedad, por ejemplo, pero en cambio, son relativamente ineptos cuando se trata de apaciguar los trastornos emocionales ajenos. A fin de cuentas, el sustrato de nuestra pericia al respecto es neurológico, pero el cerebro es asombrosamente plástico y se halla sometido a un continuo proceso de aprendizaje. Las lagunas en la habilidad emocional pueden remediarse y, en términos generales, cada uno de estos dominios representa un conjunto de hábitos y de reacciones que, con el esfuerzo adecuado, pueden llegar a mejorarse.
lunes, 27 de agosto de 2012
Cuestionarnos
La gran mayoría de nosotros nos limitamos a sobrevivir. Trabajamos. Consumimos. Y tratamos de divertirnos todo lo que podemos. Pero en general no sabemos para qué vivimos.
Y no es para menos. Desde que nacemos, la sociedad nos condiciona para convertirnos en empleados y consumidores, de manera que perpetuemos el funcionamiento económico del sistema. Tanto es así, que hemos sido adoctrinados para buscar nuestro bienestar fuera de nosotros mismos. Prueba de ello es que confundimos la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción o la euforia temporal que nos proporcionan el consumo de bienes materiales, los triunfos profesionales o el entretenimiento. Y debido a nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, a menudo construimos un estilo de vida de segunda mano, prefabricado.
Frente a este escenario socioeconómico, la crisis existencial es casi inevitable. En esencia, consiste en reconocer que nuestra forma de pensar y de comprender la vida es limitada y errónea. Y en consecuencia, iniciar un proceso de cambio y evolución personal, buscando una nueva manera de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestras circunstancias. Así es como aprendemos a seguir los dictados de nuestra conciencia y de nuestra intuición, desarrollando nuevas competencias emocionales que nos permitan obtener resultados de mayor satisfacción.
"La mayoría de personas que ansían la libertad no quieren renunciar a sus cadenas" (Khalil Gibran)
Esta frase se relaciona con el victimismo y paternalismo que practicamos.
El triunfo de la autoayuda tiene mucho que ver con la pérdida progresiva de credibilidad que están padeciendo las instituciones religiosas. De hecho, algunos sociólogos afirman que la autoayuda está en camino de convertirse en la gran religión del siglo XXI. Lo cierto es que ambas comparten una serie de paralelismos, entre los que destaca el paternalismo. Esta similitud pone de manifiesto el victimismo imperante en nuestra sociedad. En general, queremos que alguien o algo resuelvan nuestros problemas y conflictos. Por eso solemos aferrarnos a personas o instituciones que nos ofrezcan consuelo y nos garanticen seguridad.
De entre las personas que buscan asesoramiento para mejorar cualquier ámbito de su vida -ya sea a través de libros, cursos o consultas privadas-, muchos buscan un parche con el que aliviar su malestar a corto plazo. Fruto de la desesperación, anhelan dar con una fórmula mágica que erradique definitivamente su sufrimiento. Muy pocos estamos dispuestos a cuestionarnos a nosotros mismos, asumiendo que somos cocreadores y corresponsables no solo de nuestro estado de ánimo, sino también de nuestras circunstancias actuales. Tanto es así, que en la jerga del crecimiento personal empieza a hablarse acerca de los "cursillistas". Es decir, individuos que empalman un curso tras otro, del mismo modo que devoran decenas de libros de autoayuda sin apenas dedicar tiempo para digerir, procesar y -lo más importante- poner en práctica dicha información.
Hay tantos caminos para encontrar lo que estamos buscando como seres humanos existen en el planeta. Pero, dado que todos compartimos una misma naturaleza humana, existen ciertas claves que pueden facilitarnos dicha senda. Eso sí, en relación con este proceso de aprendizaje es imprescindible que no nos creamos nada de los que nos digan, incluyendo, por supuesto, la información contenida en este artículo. Ya nos han vendido demasiadas creencias acerca de quiénes somos y de cómo hemos de vivir nuestra vida. De ahí que sea fundamental que recibamos con escepticismo y pensamiento crítico cualquier reflexión de este tipo. De lo que se trata es de verificar la información a través de nuestra propia experiencia.
Fuente: Borja Vilaseca en El País, España.
Y no es para menos. Desde que nacemos, la sociedad nos condiciona para convertirnos en empleados y consumidores, de manera que perpetuemos el funcionamiento económico del sistema. Tanto es así, que hemos sido adoctrinados para buscar nuestro bienestar fuera de nosotros mismos. Prueba de ello es que confundimos la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción o la euforia temporal que nos proporcionan el consumo de bienes materiales, los triunfos profesionales o el entretenimiento. Y debido a nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, a menudo construimos un estilo de vida de segunda mano, prefabricado.
Frente a este escenario socioeconómico, la crisis existencial es casi inevitable. En esencia, consiste en reconocer que nuestra forma de pensar y de comprender la vida es limitada y errónea. Y en consecuencia, iniciar un proceso de cambio y evolución personal, buscando una nueva manera de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestras circunstancias. Así es como aprendemos a seguir los dictados de nuestra conciencia y de nuestra intuición, desarrollando nuevas competencias emocionales que nos permitan obtener resultados de mayor satisfacción.
"La mayoría de personas que ansían la libertad no quieren renunciar a sus cadenas" (Khalil Gibran)
Esta frase se relaciona con el victimismo y paternalismo que practicamos.
El triunfo de la autoayuda tiene mucho que ver con la pérdida progresiva de credibilidad que están padeciendo las instituciones religiosas. De hecho, algunos sociólogos afirman que la autoayuda está en camino de convertirse en la gran religión del siglo XXI. Lo cierto es que ambas comparten una serie de paralelismos, entre los que destaca el paternalismo. Esta similitud pone de manifiesto el victimismo imperante en nuestra sociedad. En general, queremos que alguien o algo resuelvan nuestros problemas y conflictos. Por eso solemos aferrarnos a personas o instituciones que nos ofrezcan consuelo y nos garanticen seguridad.
De entre las personas que buscan asesoramiento para mejorar cualquier ámbito de su vida -ya sea a través de libros, cursos o consultas privadas-, muchos buscan un parche con el que aliviar su malestar a corto plazo. Fruto de la desesperación, anhelan dar con una fórmula mágica que erradique definitivamente su sufrimiento. Muy pocos estamos dispuestos a cuestionarnos a nosotros mismos, asumiendo que somos cocreadores y corresponsables no solo de nuestro estado de ánimo, sino también de nuestras circunstancias actuales. Tanto es así, que en la jerga del crecimiento personal empieza a hablarse acerca de los "cursillistas". Es decir, individuos que empalman un curso tras otro, del mismo modo que devoran decenas de libros de autoayuda sin apenas dedicar tiempo para digerir, procesar y -lo más importante- poner en práctica dicha información.
Hay tantos caminos para encontrar lo que estamos buscando como seres humanos existen en el planeta. Pero, dado que todos compartimos una misma naturaleza humana, existen ciertas claves que pueden facilitarnos dicha senda. Eso sí, en relación con este proceso de aprendizaje es imprescindible que no nos creamos nada de los que nos digan, incluyendo, por supuesto, la información contenida en este artículo. Ya nos han vendido demasiadas creencias acerca de quiénes somos y de cómo hemos de vivir nuestra vida. De ahí que sea fundamental que recibamos con escepticismo y pensamiento crítico cualquier reflexión de este tipo. De lo que se trata es de verificar la información a través de nuestra propia experiencia.
Fuente: Borja Vilaseca en El País, España.
sábado, 25 de agosto de 2012
A la vuelta de las vacaciones
Estamos en la recta final del verano y sus correspondientes
vacaciones. Para los afortunados que las hayan tenido y ¿disfrutado? acecha la
vuelta a la rutina.
Hay un tema recurrente por estas fechas y es el aumento de
separaciones matrimoniales o de pareja
que se producen a la vuelta de ese periodo tan deseado durante el resto del
año.
Motivos para ello hay muchos, casi tantos como parejas, pero
existen unos patrones básicos que planean por encima y que en momentos de
descanso, de estar más tiempo con la pareja, salen a flote.
Me centraré en uno: la soledad.
Aunque parezca paradójico, al
estar más tiempo juntos es cuando una persona se percata de lo solo que se siente. Según Dolesh y
Lehman, la soledad se produce cuando hay una carencia de intimidad en la vida.
Ellos dicen que la gente se siente sola cuando no tiene con quien compartir los
acontecimientos de sus vidas, ya sean importantes o no.
La soledad puede existir en un matrimonio, aun cuando desde
fuera no sea evidente, debido a la falta de comunicación, de metas compartidas
o a los distintos intereses. La pareja puede compartir una casa, pero le falta
intimidad. Greenson describió que dos personas pueden parecer perfectamente
felices, sin embargo, estar viviendo un matrimonio sin un compromiso
sentimental, en el que todo es un fraude, todo es superficial, todo es un
engaño. Toda esta fachada sólo es una pantalla para las personas que confunden
lo que es pasar el tiempo juntos con estar emparentados, con afinidad.
Incapaces de conseguir el sustento sentimental que necesitan en sus
matrimonios, muchas personas se decantan por la calidez y el apoyo que
proporciona una tercera persona.
La siguiente tabla os ayudará a evaluar las satisfacciones
que encontráis en el matrimonio. Rellenadla la pareja por separado y luego
comparad los resultados.
Calificad las siguientes áreas en términos del nivel de
satisfacción que tengáis:
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Área de relación
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Muy alta
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Alta
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Normal
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Baja
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Muy baja
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1. Siento
afecto por mi pareja.
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2. Me siento
insatisfecho en la relación.
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3. Apoyo las
metas de mi pareja.
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4. Mi pareja
apoya mis metas.
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5. Me siento
amado por mi pareja.
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6. Mi pareja
se siente amada por mí.
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7. Mi pareja
me escucha.
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8. Yo
escucho a mi pareja.
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9. Disfruto
de estar con mi pareja.
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10. Mi
pareja disfruta estando conmigo.
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11. Mi
pareja y yo compartimos los mismos intereses.
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12. El
tiempo que pasamos juntos es muy agradable.
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13. Estoy
satisfecho sexualmente.
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14. Mi
pareja está satisfecha sexualmente.
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15. Confía
en mí.
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16. Confío
en ella.
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17. Apoyo a
mi pareja.
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18. Ésta me
apoya a mí.
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19. Mi
autoestima está alta.
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20. La
autoestima de mi pareja está alta.
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21. Me
siento comprometido con nuestra relación.
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22. Mi
pareja se siente comprometida con nuestra relación.
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¿Qué cambios positivos te gustaría ver en tu relación?
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Hablad primero de las áreas con calificaciones muy altas,
altas y normales; empezad por lo bueno, eso siempre ayuda a mejorar la
relación. Luego, hablad de las áreas en las que ambos estáis de acuerdo que son
bajas. Revisad las áreas que uno de los dos ha calificado de bajas y el otro de
alta. Hablad de los posibles cambios. Decidid un área en particular que podáis
trabajar juntos para incrementar vuestra satisfacción mutua.
De este modo podréis saber dónde os sentís satisfechos, dónde
no lo estáis y dónde no estáis de acuerdo; entonces buscad formas de resolver
las diferencias o tomad una decisión.
Espero que os pueda servir como un primer paso ... ese paso tan
difícil de dar muchas veces.
Fuente: Amantes secretos. Luann Linquist.
Los elementos del amor
El amor es, sobre todo, dar. Con ayuda de Erich Fromm, diré que todos los amores tienen los siguientes elementos comunes:
- Interés: la persona amada debe significar algo especial para el que ama, se debe destacar del cuadro, ser "interesante" de un modo nuevo y único.
- Responsabilidad: sentirse responsable de la persona querida y ayudarla a sacar de sí lo mejor de sí misma, que llegue al máximo que pueda.
- Respeto: no es sumisión, sino saber ver los valores del otro. Es lo contrario del desprecio, del abuso o explotación, de la utilización y manipulación.
- Conocimiento: querer saber cómo es la otra persona, qué piensa, cuáles son sus valores, cuáles son sus objetivos. Lleva al diálogo frecuente, a contarse cosas, a la comunicación.
O como dijo Neruda:
A nadie te pareces desde que yo te amo...
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Yo quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Y...acoso laboral III
En los casos de mobbing el objetivo no es discriminar, sino dañar a la persona, y para dañarla, en muchos casos, la discrimina. Por tanto, el enfoque no será en el trato discriminatorio, sino en el derecho a la integridad física y moral y en todo caso en el derecho al honor.
Las situaciones de acoso moral suponen, ante todo, un atentado contra los derechos del trabajador como persona. Sin embargo, como el objetivo del acoso es dañar personalmente al trabajador, su carácter "complejo" hace que no siempre se hable de un solo acto, sino de un conjunto de ellos. Por esa razón, según el magistrado J. Maragall, el procediminento más adecuado para tratarlo sea el de tutela de derechos fundamentales (el fundamento legal radica en artículo 180 LPL).
Es la dignidad como valor superior de nuestro ordenamiento constitucional. Se entiende por dignidad la "manifestación consciente de la autodeterminación de la propia vida y como una pretensión de que ésta sea respetada por terceros".
Para terminar, y dentro de lo difícil y complejo que es el tratar y demostrar este tema, dejo un cuadro con las ideas básicas para diferenciar lo que es un acoso moral de lo que es una mala práctica empresarial (con el trabajador), en la que se persigue el lucro como finalidad.
Las situaciones de acoso moral suponen, ante todo, un atentado contra los derechos del trabajador como persona. Sin embargo, como el objetivo del acoso es dañar personalmente al trabajador, su carácter "complejo" hace que no siempre se hable de un solo acto, sino de un conjunto de ellos. Por esa razón, según el magistrado J. Maragall, el procediminento más adecuado para tratarlo sea el de tutela de derechos fundamentales (el fundamento legal radica en artículo 180 LPL).
Es la dignidad como valor superior de nuestro ordenamiento constitucional. Se entiende por dignidad la "manifestación consciente de la autodeterminación de la propia vida y como una pretensión de que ésta sea respetada por terceros".
Para terminar, y dentro de lo difícil y complejo que es el tratar y demostrar este tema, dejo un cuadro con las ideas básicas para diferenciar lo que es un acoso moral de lo que es una mala práctica empresarial (con el trabajador), en la que se persigue el lucro como finalidad.
ACOSO MORAL
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EJERCICIO ARBITRARIO DEL PODER
DIRECTIVO (EMPRESARIAL)
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BUSCA
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Causar un daño al trabajador socavando
su personalidad
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Aprovechamiento de la mano de obra con
condiciones de trabajo favorables a sus intereses
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MOTIVOS
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Impedir el libre desarrollo de la
personalidad del acosado
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Lucro
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LEGAL
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Art. 15.1 C.E. (Atentado al derecho de
la integridad moral)
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Legalidad ordinaria
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PERJUICIO CAUSADO
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Afectada la integridad psíquica, la
salud mental
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Afectados derechos laborales y
contraprestación por el trabajo
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