Contestando a la pregunta del título: No. Y en el mundo laboral, tampoco.
Un grupo no es lo mismo que un equipo, aunque cualquier grupo puede convertirse en equipo siempre que todos los miembros trabajen en la consecución de un objetivo común, es decir, siempre que los integrantes del grupo aúnen sus esfuerzos y habilidades hacia la consecución de unos objetivos compartidos, y no actúen como individuos aislados. Como escriben Davis y Newstrom (1991) "cuando los miembros conocen sus objetivos, cuando contribuyen de manera responsabe y entusiasta a la realización de la tarea y se apoyan mutuamente, decimos que están trabajando en equipo".
Las principales características que debe tener un grupo para poder ser considerado un equipo son las siguientes (García y Delgado Padial, 1995): poseer unos objetivos comunes, componerse de un número reducido de miembros (alrededor de seis), tener una organización interna, con unas normas, un liderazgo y una metas comunes, debe haber plena participación de sus miembros, lo que constituye quizás su principal característica: que todos trabajen juntos, tomen las decisiones de forma conjunta, resuelvan sus inevitables conflictos internos de una forma consensuada, etc.; debe existir también una confianza, solidaridad y ayuda mutua, y siempre dentro de un ambiente propicio, que no es otro que un ambiente de tolerancia y confianza mutua, sin lo que el equipo no sólo no seria eficaz, sino que incluso no sería un grupo.
En el mundo laboral, dentro de las llamadas técnicas de diseño y reestructuración del trabajo, se encuentran los llamados Círculos de calidad, que consisten en un grupo de personas que, después de una formación y entrenamiento adecuados, se reúnen periódicamente, de forma voluntaria, para tratar problemas de calidad o de otro tipo, relacionados con su trabajo, con la finalidad de encontrar soluciones a los mismos.
Esta idea está basada en el llamado Plan Scanlon, que en los años 30 del siglo pasado puso en marcha en Estados Unidos un líder sindical de la industria del acero, J. Scanlon, quien llegó a un acuerdo con las empresas del sector para establecer un sistema participativo de mejora de la productividad.
Heredera del humanismo, las ideas liberales, laicas y vanguardistas.
CÓDIGO DEONTOLÓGICO
Artículo 6
La profesión de Psicólogo/a se rige por principios comunes a toda deontología profesional: respeto a la persona, protección de los derechos humanos, sentido de responsabilidad, honestidad, sinceridad para con los clientes, prudencia en la aplicación de instrumentos y técnicas, competencia profesional, solidez de la fundamentación objetiva y científica de sus intervenciones profesionales.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Calidad laboral
¿Cuantas veces hemos oído que el mayor valor que tiene una empresa son sus empleados?
Está claro que el objetivo de una empresa es mejorar la productividad y los resultados, pero se debería pretender crear puestos de trabajo con auténtica calidad laboral y que consiga que dicha vida laboral sea realmente satisfactoria para los trabajadores. Para ello el puesto de trabajo tiene que permitir al trabajador hacerse una identidad personal y profesional que le proporcione estatus y prestigio social, que le sea una fuente importante para desarrollar sus habilidades y competencias, que esté suficientemente bien retribuido, etc..
Hemos pasado de ver a la persona como un recurso más para las empresas, a ver en la persona un bien, un ser único y un fin, y se convierten en un valor clave para alcanzar el éxito en las organizaciones, y para ello se le debe devolver al trabajador su dignidad de ser humano en todos los ámbitos pero especialmente en el desempeño de su trabajo profesional.
"Podemos comprar el tiempo de las personas; podemos comprar su presencia física en un determinado lugar, podemos incluso comprar sus movimientos musculares por hora. Sin embargo, no podemos comprar el entusiasmo, no podemos comprar la lealtad, no podemos comprar la devoción de sus corazones. Esto debemos ganárnoslo."Clarence Francis.
Puesto que la confianza no se compra, se gana, el liderazgo de los valores y todas las habilidades que lo conforman son ahora clave para marcar el rumbo de las organizaciones.
Apostar por la formación en habilidades es un intangible que sirve para generar confianza y compromiso, y obtener así los resultados de los objetivos marcados.
La formación en una empresa puede abarcar cualquier punto que se nos ocurra:
Estilos de mando. Gestión de conflictos. Gestión de crisis. Técnicas de negociación. Comunicación asertiva.
Gestión efectiva del tiempo. Conocimiento de personas. Trabajo en equipo - equipo de trabajo.
Coaching ejecutivo. Habilidades y competencias directivas. La autoridad, comunicación y motivación.
La organización: fines, medios y estrategias. Cultura organizacional. Adaptación al cambio. Nuevos entornos. La previsión y el control.
La toma de decisiones: quién, cómo ,qué. Delegación. Decisiones intuitivas. Inteligencia emocional. Presentaciones eficaces y de alto impacto. Eficacia-eficiencia-efectividad-éxito-excelencia.
Existe una cosa clara y sin embargo parece que todavía cuesta entender:
Dedicarle tiempo y recursos a la formación no es gasto, sino inversión.
Está claro que el objetivo de una empresa es mejorar la productividad y los resultados, pero se debería pretender crear puestos de trabajo con auténtica calidad laboral y que consiga que dicha vida laboral sea realmente satisfactoria para los trabajadores. Para ello el puesto de trabajo tiene que permitir al trabajador hacerse una identidad personal y profesional que le proporcione estatus y prestigio social, que le sea una fuente importante para desarrollar sus habilidades y competencias, que esté suficientemente bien retribuido, etc..
Hemos pasado de ver a la persona como un recurso más para las empresas, a ver en la persona un bien, un ser único y un fin, y se convierten en un valor clave para alcanzar el éxito en las organizaciones, y para ello se le debe devolver al trabajador su dignidad de ser humano en todos los ámbitos pero especialmente en el desempeño de su trabajo profesional.
"Podemos comprar el tiempo de las personas; podemos comprar su presencia física en un determinado lugar, podemos incluso comprar sus movimientos musculares por hora. Sin embargo, no podemos comprar el entusiasmo, no podemos comprar la lealtad, no podemos comprar la devoción de sus corazones. Esto debemos ganárnoslo."Clarence Francis.
Puesto que la confianza no se compra, se gana, el liderazgo de los valores y todas las habilidades que lo conforman son ahora clave para marcar el rumbo de las organizaciones.
Apostar por la formación en habilidades es un intangible que sirve para generar confianza y compromiso, y obtener así los resultados de los objetivos marcados.
La formación en una empresa puede abarcar cualquier punto que se nos ocurra:
Estilos de mando. Gestión de conflictos. Gestión de crisis. Técnicas de negociación. Comunicación asertiva.
Gestión efectiva del tiempo. Conocimiento de personas. Trabajo en equipo - equipo de trabajo.
Coaching ejecutivo. Habilidades y competencias directivas. La autoridad, comunicación y motivación.
La organización: fines, medios y estrategias. Cultura organizacional. Adaptación al cambio. Nuevos entornos. La previsión y el control.
La toma de decisiones: quién, cómo ,qué. Delegación. Decisiones intuitivas. Inteligencia emocional. Presentaciones eficaces y de alto impacto. Eficacia-eficiencia-efectividad-éxito-excelencia.
Existe una cosa clara y sin embargo parece que todavía cuesta entender:
Dedicarle tiempo y recursos a la formación no es gasto, sino inversión.
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