Por lo tanto, de lo que se trata es de expresar las quejas sin dañar la relación.
Las críticas adecuadas no se ocupan tanto de atribuir los errores a un rasgo de carácter como de centrarse en lo que la persona ha hecho y puede hacer. Con los ataques al carácter lo único que se consigue es poner inmediatamente a la otra persona a la defensiva, con lo cual deja de estar receptivo a las recomendaciones sobre la forma de mejorar la situación.
Por ejemplo, no es lo mismo decirle a alguien "no te soporto, siempre dando voces, hablando a gritos" que decirle "si hablas con un volumen más bajo te oiré y entenderé mejor".
Y, en términos de motivación, cuando las personas consideran que sus fracasos se deben a alguna carencia innata, pierden toda esperanza de transformar las cosas y dejan de intentar cambiarlas. Por otro lado, si los contratiempos y los fracasos se deben a las circunstancias siempre podremos hacer algo para cambiar éstas.
Algunos datos a tener en cuenta son:Ser concreto. Saber que uno está haciendo "algo" mal sin saber de qué se trata concretamente resulta sumamente descorazonador. Nos limitaremos a lo concreto señalando también lo que la persona hace bien, lo que no hace tan bien y cómo podría cambiarlo. Sin rodeos y evitando las ambigüedades y las evasivas porque eso podría enmascarar el mensaje real.
Por ejemplo, en la pareja a la hora de expresar sus quejas, diga exactamente cuál es el problema, lo que no le gusta, cómo le hace sentir y qué es lo que podría cambiarse.
Ofrecer soluciones. La crítica, como todo feedback útil, debería apuntar a una forma de resolver el problema. De otro modo, el receptor puede quedar frustrando, desmoralizado o desmotivado. La crítica puede abrir la puerta a posibilidades y alternativas que la persona ignoraba o simplemente sensibilizarla a ciertas deficiencias que requieren atención pero, en cualquier caso, debe incluir sugerencias sobre la forma más adecuada de afrontar estos problema.
De forma presencial. Las críticas, al igual que las alabanzas, son más eficaces cara a cara y en privado. A veces, se tiende a hacerlo a distancia pero, de ese modo, la comunicación resulta demasiado impersonal y escamotea al receptor la oportunidad de responder o de solicitar alguna aclaración.
Cuidar las formas. Ésta es una llamada a la empatía, a tratar de sintonizar con el impacto que tienen sus palabras y su forma de expresión sobre el receptor. Las criticas demasiado hirientes y humillantes resultan destructivas porque en lugar de abrir un camino para mejorar las cosas, despierta la respuesta emocional del resentimiento, la amargura, las actitudes defensivas y el distanciamiento.
Por tanto, las críticas claras, concisas, de forma directa, de buenas maneras, y si es posible, ofreciendo una posible solución ... tan fácil y tan difícil ¿no?. Cuestión de práctica.
Y que no se nos olvide las críticas hacia nosotros, que muchas veces somos los más implacables con nosotros mismos. Apliquemos también el cuidar las formas con uno mismo, y fuera las descalificaciones. No nos machaquemos con el "no sirvo para nada", "qué torpe soy", "todo lo hago mal", "no puedo", "siempre la lío", "quién me mandaría decir..." etc.
Empecemos a practicar.
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