Son frases que un buen día se empiezan a escuchar en el trabajo. Y es solo un botón de muestra de como puede ser.
Desaires, bromas de mal gusto, recalcar los errores de otro, ignorarlo, no tenerle en cuenta ni darle explicaciones necesarias para el trabajo, descalificaciones, motes, no pagar dietas que se deben y tener que estar el trabajador pidiéndolas e incluso, a veces, suplicándolas, apelar al buen juicio y responsabilidad de la persona eficiente para sembrarle la semilla de la culpa, limitar las posibilidades de comunicarse, cambiar la ubicación separándole de sus compañeros, quitarle trabajo, juzgar de manera ofensiva su trabajo, o cuestiona sus decisiones; ataques mediante aislamiento social; ataques a la vida privada; agresiones verbales, como gritar, insultar, criticar permanentemente el trabajo de esa persona, y criticar y difundir rumores sobre la persona.
Todos ellos comportamientos hostiles. En definitiva, ataques mediante medidas adoptadas contra la víctima ... en fin, esto y más, mucho más, es el tema que nos ocupa.
Cualquiera puede en un momento u otro estar en el punto de mira tan sólo con resistirse a ser manipulado, no caer en el servilismo, inspirar celos, tener una cualidad muy destacada (creatividad, positividad, don de gentes), haber estado de baja y reincorporarse después de un largo período, negarse a participar en asuntos turbios...
Lo que caracteriza a un hostigador no es un patrón de personalidad definido, sino el hecho de que alguien, según él, peligroso por algún motivo, se atreva a limitar su poder. Un poder con el que oculta cuán débil, inseguro e indefenso se siente y que erige como una fachada de aparente energía para que los demás no vean su flaqueza.
El acoso psicológico en el trabajo tiene por objetivo la destrucción moral de la víctima con el fin de excluirla. El acoso es llevado a cabo por una persona que tiene el papel de perseguidor, investido de autoridad y carisma. Puede ser un compañero, tanto del mismo sexo como de sexo diferente; de un subordinado a su jefe, de un jefe superior, de un jefe inmediato, de un superior y un compañero..., pero al que siempre se acopla un poder intermedio compuesto por el resto de los trabajadores, que colaboran subrepticiamente, ya sea por miedo, inseguridad, desasosiego o porque mientras exista un "elemento perturbador" a quien señalar, éstos perciben que su supervivencia está garantizada.
Pueden mencionarse como causas del acoso moral, entre otras, las deficiencias en la organización del trabajo, la información interna y la gestión , así como los problemas de organización prolongados e irresueltos, que son un lastre para los grupos de trabajo y que pueden desembocar en una búsqueda de chivos expiatorios y en el acoso moral.
Es probable que mientras no tuviste conciencia de la situación de acoso y lo único que percibías era un clima de tensión desbordante que te mantenía alerta, hablar con familiares y amigos fue suficiente. Sin embargo, tal vez ahora no te resulte fácil seguir trabajando en un medio tóxico, tanto emocional como psicológicamente, y necesites otro tipo de ayudas.
Las consecuencias del miedo, el terror, la tristeza, la angustia y la inseguridad no son fáciles de sobrellevar y tal vez te des cuenta de que necesitas recurrir a quienes están en una posición más imparcial.
Independientemente de la fase de acoso en que te halles, si crees que debes buscar apoyos, no postergues la decisión. No se trata de continuar soportándolo. No hay nada que valga tanto para poner en juego tus derechos y tu dignidad, ni mucho menos tu salud.
No dudes en buscar refuerzos dentro y fuera de tu trabajo si consideras que debes autoprotegerte. En este sentido puedes:
- Buscar apoyos en la empresa
- Pedir consulta con un terapeuta
- Asesorarte con técnicos especializados en acoso laboral para que intervengan en el conflicto
- Recurrir a un abogado que conozca qué leyes se ajustan a los temas de acoso
- Consultar asociaciones dedicadas al tema

No es fácil, nada fácil .... pero tampoco es fácil la situación en la que te encuentras. Le vamos a poner solución, que la tiene.
Bastantes personas acosadas no denuncian por miedo a las represarias del agresor. Otras se amedrantan ante la reconocida tendencia a culpar a la víctima (incluso por parte de agentes sociales) o temen la humillación que supone exponerse a una opinión pública insensible y recelosa.
No pocas "supervivientes" que deciden sincerarse son objeto de juicios incrédulos, despiadados o jocosos, aún por parte de sus seres más queridos y allegados.
Seguirá siendo un error recalcitrante mientras la sociedad mantenga una actitud de incomprensión, de ambivalencia y de escepticismo hacia las víctimas. Tenemos que lograr la convicción social de que cada vez que menospreciamos, inculpamos o enmudecemos a una persona acosada moralmente, no solo protegemos al agresor, sino que socabamos el respeto por la dignidad humana.

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