Reforzar la "buena" conducta de los niños prestándole atención, elogiándolos, dándoles afecto o recompensas es, en última instancia, la manera de que se porten así con más frecuencia.
Muchos pequeños problemas como explosiones de mal humor cuando no consiguen lo que quieren, o el empleo de palabrotas para probar su reacción, pueden reducirse o eliminarse por completo si los padres y los demás son capaces de no atenderlos por un rato. Sin embargo, hay algunos actos que no pueden ignorarse, tales como el comportamiento destructivo o agresivo, que exigen atención y necesitan ser cambiados, para los que existen métodos efectivos de control.
¿Necesitamos castigar?
La mayoría de los padres emplean castigos de varias clases para intentar controlar la conducta de sus hijos. ¿Cuáles son sus efectos habituales?El efecto del castigo es a menudo inmediato y a veces dramático. La actividad no deseada suele terminar rápidamente, por lo que no es de extrañar que los padres acostumbren a gritar, pegar y emplear otros castigos tan a menudo. Sin embargo, su uso frecuente, aparte de disgustar a la mayoría de los padres, tiene también una serie de efectos indeseables.
1. El efecto dura muy poco. A menos que el castigo sea sumamente severo, la conducta del niño revertirá a su forma anterior poco después de pasar el efecto del castigo. Todo lo que ocurre cuando los padres castigan es que se suprime temporalmente la conducta del niño, pero no se cambia de forma permanente.
2. El mismo castigo tiende a escalar. El niño repite la conducta indeseada y los padres repiten el castigo con un poco más de dureza. Cada vez se necesitan medidas más fuertes, pues lo que ocurre en realidad es que el niño se está entrenando en aguantar cada vez mejor los castigos.
3. Al mismo tiempo, los padres se ven impulsados a utilizar el castigo más y más veces. Cada vez que lo castigan obtienen un alivio transitorio de la "mala" conducta del niño, se sienten recompensados por el cese de la conducta no deseada y aprenden así a emplear este método de control, excluyendo a menudo métodos más duraderos.

4. El efecto de lo anterior es que la relación del niño con su padre se deteriora al estar basada en el control punitivo más que en el estímulo. Esto suele producir reacciones emocionales que pueden ser más graves que el problema original.5. El niño "aprende" del ejemplo de los padres a emplear una conducta agresiva para conseguir ante los demás lo que quiere. Ejemplo: un niño de seis años que juega con su hermana empieza a reñir y pelear. Se les dice que se separen o que jueguen juntos sin pelearse, pero el niño golpea y lastima a su hermana. La reacción inmediata de muchos padres, llenos de indignación, sería darle un azote o una bofetada; de este modo, la consecuencia inmediata para el niño por haber pegado a su hermana es el castigo de la bofetada.
Por lo general, hay que tener un gran cuidado con el castigo. Se sabe muy poco de sus efectos en cualquier circunstancia especial salvo que produce una modificación inmediata, pero transitoria, de la conducta.
Fuente: "Padres e hijos. Problemas cotidianos de conducta." Hermann A. Peine y Roy Howarth
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